CAPÍTULO 107. Sin arrepentimiento
No había agresividad en ninguna de las palabras de Emerson Blackwood, tampoco odio, solo la necesidad de cerrar una historia demasiado larga.
El médico escuchó sus motivos, y terminó autorizando la visita porque honestamente sabía que ya no había nada que hacer.
—Su estado es crítico —les advirtió—. Estamos hablando probablemente de horas. Quizá menos. No deben alterarla innecesariamente.
Emerson entró primero y Jordan entrelazó sus dedos con los de Katerina antes de entrar y cerrar la puerta tras él.
Jasmine parecía diminuta entre las sábanas. Los monitores registraban un corazón cada vez más débil y su respiración era irregular. Abrió los ojos al escucharlos, y a pesar de todo lo primero que preguntó fue:
—¿Angela?
—Está presa —respondió Jordan, y los ojos de Jasmine se llenaron inmediatamente de lágrimas.
—No… ¿Volvieron a detenerla…?
La mujer frente a ellos comenzó a llorar, y nadie dudó de que no eran lágrimas por sí misma. A fin de cuentas ya sabía que iba a morir.
—Mi niña...
Jordan observó aquella reacción con una mezcla amarga de emociones. Incluso entonces, incluso muriendo y traicionada, su amor solo era para Angela.
—Yo la arruiné... —murmuró Jasmine—. Quise darle todo... y terminé arruinándola.
Emerson permaneció en silencio y Jordan dio un paso hacia la cama.
—Angela asumirá las consecuencias de sus actos, y tú tienes que asumir las tuyas —sentenció con expresión sombría, porque había una pregunta que no podía dejar morir con ella—. Quiero que me digas quién es mi madre.
Jasmine dejó de llorar en ese momento y sus ojos se desplazaron lentamente hacia él. Durante un segundo Jordan creyó ver arrepentimiento… pero se equivocaba.
—Dime su nombre —insistió—. No te estoy pidiendo nada más, solo su nombre.
—No. —la palabra fue tajante y la expresión de Jasmine volvió a endurecerse.
—Estás muriendo. ¿Entiendes eso? Estás muriendo por todo lo que hiciste. ¿Qué ganas ocultándolo?
Los labios de Jasmine se curvaron en una sonrisa amarga.
—Algo tengo que llevarme conmigo. ¿O de verdad piensas que necesito una expiación para morir en paz? —escupió con tono venenoso—. ¡Idiota!
Jordan apretó la mandíbula y por un segundo la tristeza dominó sobre la rabia.
—¿Todavía me odias?
—A ti... y a él —escupió mirando a Emerson—. Ni siquiera engañados fueron buen padre o buen hermano. ¡Pudieron haber querido a Angela como familia! Pero eligieron no hacerlo.



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