CAPÍTULO 109. La familia elegida
Por suerte, —o quizás porque Giulia era la clase de mujer que no aceptaba un “no” por respuesta ni siquiera contra la muerte—, Byron estaba mucho más estable. La cirugía había salido bien, sus constantes habían mejorado y los médicos ya hablaban de una recuperación favorable. Sin embargo, seguía en cuidados intensivos y las visitas estaban restringidas.
Muy restringidas.
—Solo puede entrar una persona —informó la enfermera y todos miraron hacia la puerta—. Y la verdad es que nos da miedo sacar a la señora que hay dentro, así que si alguien más quiere verlo, tendrán que convencerla para que salga.
Kat sonrió y tocó con los nudillos en el cristal un par de veces.
—¿Qué...? —Giulia miró a su hermana a través del vidrio de seguridad, y se apresuró a salir—. ¿Qué pasa?
—Nos ha dicho el personal que te tienen miedo a la esposa de Byron —comentó Emerson tratando de disimular la risa.
—¡Yo no soy su…!
—¿Y por qué eres la que está dentro maltratando a pobres médicos egresados de Harvard con veinte años de experiencia? —preguntó Emerson y Giulia levantó un dedo desafiante pero no le salió ninguna respuesta que no la exhibiera.
—Yo solo estaba aquí cuando despertó —terminó murmurando.
—Claro, todas las veces —carraspeó Kat y su hermana le lanzó una mirada asesina.
—Cállate —rezongó Giulia, pero la verdad era que no estaba dispuesta a revelar toda la historia que tenía con Byron Blackwood. Una historia de la que ni él mismo se acordaba y precisamente por eso era más difícil, porque Giulia era la única que lo recordaba después de diez años de fatales coincidencias—. Voy por mis cosas, luego es todo suyo.
Entró en la habitación antes de que alguien pudiera seguir molestándola y Emerson negó divertido.
—Esto no puede verse peor —murmuró y Jordan se volvió hacia él—. ¿Qué cosa?
—Los tres Blackwood estamos incapacitados. —Se señaló el hombro vendado—. Yo tengo un agujero aquí. —Luego señaló a Jordan y su bastón—. Tú todavía caminas como un anciano aristócrata.
—Elegante.
—Anciano, cojo y abandonado por tu esposa.
—¡Gracias, padre! Tu amor desborda mi corazón —bufó Jordan pero sabía qué quería decir exactamente su padre, que terminó señalando a la puerta de cuidados intensivos.
—Y Byron tiene el abdomen cosido —suspiró—. ¿Cómo se supone que así vamos a dirigir una empresa?
—No se supone, así que tendremos que empezar a confiar en la familia elegida —respondió Jordan mientras veía por el pasillo cómo se acercaba una figura que le sonreía a las enfermeras mientras pedía indicaciones—. Y hablando del rey de Roma, aquí viene el próximo presidente en funciones.
Ángel había alcanzado a escuchar suficiente y retrocedió un paso.
—No.
—Ni siquiera he dicho nada.
—Pero me estás mirando.
—Necesito que supervises la empresa.
Ángel abrió mucho los ojos.
—¿Tu empresa? Definitivamente no.
—Solo mientras nosotros dejamos de estar cojos y agujereados. Habrá un director interno, tú solo supervisa.
—Directora interna… y me lo pienso.
—¡Maldito picha suelta, por eso jamás te quise como yerno! —exclamó Alexei tras él, soltando una carcajada—. Pero eres bueno supervisando. Ve a ayudar.
Ángel puso los ojos en blanco y se restregó la cara.
—Los odio a todos.
—¿Eso significa que aceptas? —preguntó Emerson.


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