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7 NOCHES PARA DECIR ADIÓS romance Capítulo 129

30 DÍAS… CAPÍTULO 5. Un objetivo en común

Ángel soportó exactamente treinta segundos más de llanto falso. Después rodeó la mesa, sujetó a Allison por el brazo y la obligó a levantarse.

—Ven conmigo.

Ella dejó la taza de chocolate y lo miró con algo parecido a una retorcida esperanza.

—¿Adónde vamos?

—¡Vas a conocer el sótano!

—¿Ahora? Pensé que era una amenaza para más adelante —se quejó, pero Angel no se contuvo de zarandearla.

—¡Cállate y camina!

La condujo hasta una puerta al final del pasillo, abrió las cerraduras y encendió la luz antes de hacerla bajar por unas escaleras. Allison descendió con cuidado, todavía algo aturdida por los efectos de lo que Oliver había puesto en su té, y vio que el sótano era, efectivamente, feo.

Paredes de cemento, piso gris, algunas estanterías metálicas, una bombilla demasiado amarilla y ni una sola ventana. Había cajas, herramientas y un sofá viejo arrinconado contra una pared.

Ángel abrió los brazos.

—Aquí está. ¿Te gustaría quedarte una temporadita en lo que aprendes a comportarte?

Pero ella solo examinó el lugar.

—No está mal.

Él bajó lentamente los brazos y su cara se descompuso.

—¡¿Cómo que no está mal?! —le gritó.

—Bueno, encerrada aquí no tendría que cocinar ni limpiar. Además, esto debe tener por lo menos setenta metros cuadrados. Si me pones una cama y una cafetera, puedo adaptarme.

—¡Es un sótano!

—He vivido en sitios peores. ¿Mi cuarto en la universidad? ¡Uff! ¡Eso sí daba miedo!

Angel apretó los puños con impotencia.

—¡La intención es que no quieras estar aquí!

—Ah. —Allison miró alrededor otra vez—. Entonces deberías quitar el sofá.

Él se pasó ambas manos por la cara, desesperado, porque aquello no estaba funcionando, y por último se acercó hasta quedar frente a ella.

—¿De verdad no tienes miedo de lo que puedo hacerte? —siseó y Allison alzó la barbilla para mirarlo.

—¿Qué tan violento puedes ponerte, conejito? —preguntó, pero el tono no contenía una pizca de temor.

¡Era descaro puro! Peor aún, sus ojos descendieron brevemente por el pecho de Ángel antes de regresar a su rostro, y él la señaló hacia las escaleras.

—¡Arriba!

—¡Justo como me gusta!

—¡No arriba de mí! ¡De las escaleras, las escaleras! —vociferó él y Allison subió mientras reprimía una sonrisa—. ¡Ahora siéntate en una silla y no quiero escucharte replicar!

La llevó hasta una mesa grande situada junto a los ventanales y tomó una caja de cartón y la dejó delante de ella con un golpe.

—¿Qué es esto?

—¡Tu maldito trabajo! ¡Quiero que empieces ahora mismo! ¡Ya!

Ella levantó la tapa. Había carpetas, balances, contratos, facturas y copias de movimientos bancarios.

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