Sandro y Uliana también se quedaron pálidos del susto.
—Vilma, ¿cómo va a tener Nereo una enfermedad así? ¿El médico ya lo confirmó? ¿No será un error? —preguntó Uliana, una y otra vez.
Vilma sentía un dolor inmenso, pero su rostro permanecía sereno.
—Traje a Nereo aquí para una segunda opinión. Después de la punción de médula ósea, sabremos si fue un error o no.
—¡Ay, Dios! ¿Pero cómo pudo pasar esto? —se lamentaba Sandro, retorciéndose las manos.
Facundo se quedó perplejo por un momento, con una expresión compleja y dolida, y luego miró a Vilma con reproche.
—¿Le diste algo que no debía comer? Siempre ha sido un niño sano, ¿cómo es que de repente…?
No terminó la frase; su celular comenzó a sonar.
Vilma observó cómo sacaba el teléfono.
—Seguro es tu primer amor otra vez, ¿verdad? Ya que te necesita tanto, terminemos con el divorcio de una vez para que puedas dedicarte a ella por completo —dijo Vilma, con una calma escalofriante.
Facundo no contestó la llamada, la rechazó. Uliana, al ver la expresión de su yerno, finalmente creyó a su hija.
—Facundo, ¿de verdad te vas a divorciar? —comenzó a decir, angustiada—. Las mujeres de fuera solo buscan tu dinero, tienes que darte cuenta.
Después de hablarle a él, se volvió hacia su hija.
—Vilma, es normal que los hombres a veces caigan en la tentación. Si le hablas con cariño a Facundo, seguro que recapacitará.
Vilma miró a su madre, que le hablaba con esa falsa “sabiduría”, y de repente sintió que su propia familia le resultaba terriblemente ajena y extraña.
—Mamá, según tú, ¿eso significa que papá también lo hizo alguna vez y tú lo convenciste de volver? —soltó, incapaz de contener su dolor.
Al segundo siguiente, un “¡plas!” resonó en la habitación. Una bofetada.
Sandro golpeó a su hija sin el menor remordimiento.
—¡Insolente! ¿Es esa forma de hablar para una hija?
En la cama, Nereo se asustó con la escena y saltó al suelo.
—¡Abuelo! ¡No le pegues a mi mamá!
El pequeño, sin zapatos, corrió a interponerse delante de su madre, protegiéndola con sus bracitos extendidos mientras miraba desafiante al adulto.
Las emociones que Vilma había reprimido por tanto tiempo finalmente estallaron ante la defensa de su hijo. Se agachó, lo abrazó y las lágrimas brotaron como un torrente.
—No llores, mami. Nereo te sopla para que no duela. Fuuu… fuuu… ya va a pasar.
Nereo le tomó el rostro entre sus manitas y, mientras la consolaba, le soplaba suavemente. Su madurez y ternura le derritieron el corazón.
—Facundo, ¿qué clase de esposo eres? ¡Le pegaron a mamá y tú no dices nada!
Después de consolar a su madre, Nereo se giró y miró fijamente a su padre, reprendiéndolo con el tono de un adulto.
Pero Facundo seguía aturdido por la noticia de la posible leucemia de su hijo y no reaccionó.
En su mente, los hijos eran para asegurar el futuro y continuar el linaje. Por eso, en el divorcio, era indispensable quedarse con el niño, aunque fuera producto de una donación.
Al menos, legal y socialmente, era su hijo.
Pero si ese hijo tenía una enfermedad grave, una que quizás no tuviera cura, ¿de qué le serviría?
—Nereo, no le hables así a tu padre, es una falta de respeto —lo regañó Uliana, con el ceño fruncido.
Cuando todos se fueron, Vilma exhaló un largo suspiro, sintiéndose aliviada, y abrazó con fuerza al niño que tenía en sus brazos. Solo le quedaba su hijo…
—Mami, no estés triste. Nereo siempre estará contigo.
—Sí, mi amor. Y mamá siempre estará con Nereo…
Vilma besó con ternura la mejilla de su hijo y juró en silencio:
Sin importar qué enfermedad tuviera, cuánto dinero costara o qué métodos tuviera que usar, haría todo lo posible, sin escatimar en nada, para salvar a su hijo.
Una vez que el niño se durmió, Vilma tomó su teléfono y comenzó a investigar el proceso de divorcio para tener una idea clara.
Alguien tocó suavemente la puerta de la habitación. Se giró y vio a Karina.
—¿Nereo está dormido? Tenía mi hora de almuerzo y vine a ver cómo estaban —dijo Karina, asomando la cabeza y hablando en susurros.
Para no despertar a su hijo, Vilma se levantó y le hizo una seña para que salieran a hablar.
Una vez en el pasillo, con la puerta cerrada, Karina preguntó:
—¿Por qué no vino Facundo? ¿No le preocupa que su hijo esté enfermo? Siempre pareció querer mucho a Nereo.
Desde el día anterior, Vilma había sufrido un golpe tras otro y no había tenido tiempo de contarle todo a su amiga.
Pero no pensaba ocultárselo. Para el tratamiento de su hijo, seguramente necesitaría su ayuda en el futuro.
Así que, organizando un poco sus ideas, le contó todo lo que había sucedido ese día y el anterior.
Karina aún no había terminado de escuchar cuando ya había explotado de ira varias veces.

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