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¡Adiós! MI ESPOSO SIN DESEO romance Capítulo 776

Era una visita poco común, y Yolanda quería quedarse un rato más, pero con Iker parado frente a ella con cara de director de escuela regañando a un mal estudiante, se le quitaron todas las ganas de beber. Se bajó del taburete y dijo, molesta:

—Lo asustaste y se fue. Ya no hay nada que tocar.

El joven modelo, aunque no era famoso, tenía buen ojo. En cuanto vio a Iker, supo que no era alguien con quien pudiera meterse. Aprovechando que no le prestaban atención, se había escabullido sin dejar rastro.

Apenas abrieron la puerta, una ráfaga de viento helado los golpeó, colándose por el cuello de la ropa y los pantalones. Yolanda tembló de frío y se ajustó el abrigo.

—¿Tienes frío? —preguntó Iker.

—Sí. —Por un instante, a Yolanda se le ocurrió la idea absurda de que él le ofrecería su abrigo, pero al segundo siguiente supo que era una fantasía suya.

El hombre levantó la mirada con pereza y dijo, medio en broma, medio en serio:

—¿Por qué no vas a buscar a ese hombre tan delicado? Pídele que te dé su abrigo. Parecía tener bastante calor, seguro que no se muere de frío si se lo quita.

Ese tono sarcástico llevó la burla al máximo nivel.

—¿Acaso te hizo algo? —preguntó Yolanda.

—No.

—¿Entonces te da placer burlarte de los demás? Iker, ¿por qué eres tan retorcido?

Él era modelo, vivía de su físico. Querer conseguir un trabajo mostrando sus músculos a un posible cliente era parte normal del proceso de casting. Pero Iker, que había crecido en la cima de la pirámide, acostumbrado a tener todo lo que quería, probablemente no entendía esas cosas.

—¿De verdad no sabes lo que intentaba, o te haces la tonta?

Normalmente, Yolanda era una fiera, mordía a quien se le cruzara. Era la primera vez que Iker la veía defender a alguien de esa manera. Con el rostro serio, le dijo sin rodeos:

—Yolanda, parece que de toda la comida que has comido en tu vida, ni un grano se te ha ido al cerebro, ¿verdad? Quería acostarse contigo para conseguir trabajo. Su intención era tan obvia que hasta un tonto se daría cuenta. Si esa cosa que tienes sobre los hombros no sirve para nada, mejor tírala.

—Iker —dijo Yolanda, acercándose a él hasta quedar frente a frente.

Un hombre y una mujer atractivos, uno mirando hacia arriba y el otro hacia abajo. La escena era tan perfecta que parecía el cartel de una telenovela, siempre y cuando ambos fueran mudos.

Ella levantó la barbilla, mirándolo a sus ojos oscuros y profundos, y dijo, palabra por palabra:

—Eres un imbécil.

Dicho esto, se dio la vuelta y se fue, sin más.

—...

Iker la agarró bruscamente y la jaló hacia él. Necesitó de todo su autocontrol para no ceder al impulso de estrangularla allí mismo.

—¡Ay! —se quejó Yolanda—. Me duele.

Sintió como si la mano que él le sujetaba estuviera a punto de romperse.

—¿Una persona como tú también siente dolor? —replicó él con frialdad.

—...

Yolanda finalmente entendió la razón de su mal humor esa noche. Sabiendo que estaba furioso, dejó de forcejear. Pero no luchar no significaba que no le doliera. Pronto, unas finas gotas de sudor aparecieron en su frente por el esfuerzo de aguantar el dolor.

Con una sonrisa, lo provocó:

Capítulo 776 1

Capítulo 776 2

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