Natalia se inclinó hacia adelante, sus ojos brillando con la intensidad de quien está a punto de revelar un secreto importante.
—¿Sabías que los Castro siempre han estado metidos en obras de caridad? Sobre todo ayudando a chavos de bajos recursos para que puedan ir a la universidad.
Irene frunció el ceño, dudando.
—Más o menos... sé que hacen labor social, pero nunca me metí mucho en eso.
Durante sus años universitarios, su mundo se había limitado a las revistas de diseño y los últimos gritos de la moda. Y después, al casarse con Romeo, se había vuelto tan dependiente de él, tan absorbida en su papel de esposa perfecta, que apenas prestaba atención a las noticias del mundo empresarial. De vez en cuando veía artículos sobre las obras benéficas de Romeo, pero nunca se detuvo a leerlos con detenimiento.
—A Inés la escogió Romeo cuando ella tenía siete años, en un orfanato —Natalia hizo una pausa, estudiando la reacción de su amiga—. La niña era súper lista, y el orfanato andaba buscando una familia que pudiera patrocinar sus estudios universitarios.
Las manos de Natalia jugueteaban nerviosamente con los papeles que tenía enfrente mientras continuaba.
—Romeo usó su domingo para pagar la educación de Inés en el mejor colegio de Puerto del Oeste. La apoyó hasta que se graduó de la universidad y consiguió trabajo en Alquimia Visual.
Con cada palabra que salía de la boca de Natalia, el color abandonaba el rostro de Irene. Finalmente, Natalia le extendió una carpeta llena de documentos.
—Míralo tú misma.
La historia se desplegaba como una novela ante sus ojos. Romeo, como nieto mayor y único heredero de los Castro, recibía cada Año Nuevo un millón de pesos de Milagros. La abuela quería que aprendiera el valor del dinero y cómo usarlo para hacer el bien.
Pero Ismael tenía otra visión. Pensaba que recibir tanto dinero tan joven podría malcriar a Romeo, así que lo llevó al orfanato. Y ahí no solo terminaron patrocinando a Inés, sino también a su hermana Carmen.
—Inés no quería separarse de Carmen —continuó Natalia—. Su hermana era... digamos que normal en cuanto a capacidades, e Ismael no estaba muy convencido de patrocinar a las dos.
Las manos de Irene temblaban mientras sostenía los documentos.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Al Mal Esposo, Darle Prisa