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Al Mal Esposo, Darle Prisa romance Capítulo 75

El corazón de Irene murió justo cuando sus sentimientos por Romeo ardían con más intensidad. El divorcio cayó como un rayo, tan repentino que convirtió sus emociones en cenizas en un instante. Pero el amor que sentía por Romeo no era algo que pudiera arrancarse como una página vieja de un diario. La lección había sido brutal: esta sería la última vez que permitiría que alguien jugara así con sus sentimientos.

Natalia tamborileó los dedos sobre la mesa, intentando aligerar el ambiente.

—¿Y tú qué me dices de amor? Yo ya he mandado a volar como cinco novios... no, cuatro... bueno, tres... ash, ni siquiera me acuerdo.

Un dejo de inseguridad se coló en su voz. Antes envidiaba cómo los ojos de Irene brillaban cual estrellas al mencionar a Romeo. Ella también anhelaba encontrar a alguien que la hiciera resplandecer así. Lo intentó un par de veces, pero por una u otra razón las relaciones se desvanecieron como espuma. Después de cada ruptura, más que tristeza sentía alivio. Esos romances apenas calificaban como gustos pasajeros, nada que ver con el amor verdadero.

Irene se acurrucó en el sofá, abrazando sus rodillas contra el pecho. El veneno de la traición de Romeo seguía corriendo por sus venas, envenenando cada recuerdo.

Natalia suavizó su expresión, incapaz de seguir regañándola.

—Ya, mira, piénsalo como si te hubiera mordido un perro. Ni modo que sea la primera vez que te pasa.

La última vez que Romeo la había manipulado para volver, Irene se había consolado con ese mismo pensamiento. Y sí, de alguna manera, hacía que el dolor en su pecho fuera un poco más llevadero.

—Ándale, come algo.

Natalia empujó hacia ella el desayuno que había traído.

—Todavía tenemos que chambear, no podemos dejarnos vencer así nomás.

Irene tomó la comida y comenzó a masticar mecánicamente, bocado tras bocado. Junto con el alimento, tragaba también la tristeza y el torbellino de emociones que la ahogaban. Como si no fuera suficiente, la preocupación por los documentos que dejó sin procesar la noche anterior le carcomía la mente. Solo Dios sabía cómo Lisa le iba a hacer la vida imposible por eso...

...

El reloj interno de Romeo sonó puntualmente a las seis y media. A pesar de la noche extenuante, sus ojos se abrieron con precisión militar. El espacio vacío entre sus brazos y las sábanas revueltas le confirmaron lo que ya sabía: Irene se había ido. Esta vez no estaría abajo preparando un desayuno abundante como antes, ni subiría con esa sonrisa tímida a llamarlo a la mesa.

Tomó su celular de la mesita de noche, despachó algunos asuntos urgentes del trabajo y se sumió en una reflexión profunda. Una incomodidad le roía el pecho al pensar en la noche anterior, en todo lo que había pasado sin mediar palabra. Pero inmediatamente se justificó: la mentira había sido de Gabriel. Irene se había arreglado así para provocarlo. ¿De qué tendría que sentirse culpable?

Capítulo 75 1

Capítulo 75 2

Capítulo 75 3

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