Daniel era un buen pedazo más alto que Natalia.
Cuando Natalia alzó la mirada para verlo, su cara estaba a contraluz, haciendo que sus facciones se vieran borrosas, aunque no podían ocultar ese aire joven y atractivo que lo rodeaba.
Natalia se detuvo un momento y le dio un empujón a Daniel.
—Tú pides, pero no hay regalo.
—Sin regalo, no hay petición —Daniel no se movió ni un poquito.
Natalia sintió un ligero escalofrío inexplicable y frunció el ceño.
—Soy la mejor amiga de tu hermana, así que no te pases conmigo. Tu hermana se ha casado con mi familia, ya es de los nuestros. Tanto ella como mi hermano están de mi lado, así que ten cuidado o les pediré que te den una lección...
Daniel avanzó poco a poco, obligándola a retroceder.
—Pues hazlo, ve y diles que me regañen...
Ambos se rieron mientras salían del departamento. Irene ni siquiera alcanzó a darle el regalo a Natalia y tuvo que guardárselo, esperando otra oportunidad.
En realidad, Daniel no estaba tratando de evitar que Irene le diera un regalo a Natalia. Solo quería encontrar un momento a solas para poder platicar con ella.
Al final del pasillo, fuera del apartamento, Daniel dejó de sonreír y se puso serio.
—En el futuro, mi hermana... se los encargo.
—¿Eh? —El cambio de actitud de él fue tan repentino que Natalia se quedó un poco descolocada—. ¿Te vas a ir lejos?
—Me refiero a que ahora que se casó con ustedes, te agradezco que la cuides —explicó Daniel.
Natalia, finalmente entendiendo, se echó a reír.
—¡Mira nada más! No sabía que este muchacho sabía preocuparse por alguien.
No se habían visto muchas veces, pero ambos compartían una personalidad similar y siempre podían tener una conversación alegre.
Daniel sentía que ya la conocía bien y sabía que ella quería lo mejor para Irene.

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