Cuando él volteó a verla, Violeta se arrepintió.
No debió habérselo pedido.
Pero ya lo había dicho, así que tenía que terminar.
Después de todo, una vez que regresara, probablemente... no viviría mucho más.
No quería morir debiéndole nada a nadie.
—Violeta, repítelo.
—Da... no, no, no, pres... préstame un poco de dinero. Solo seis mil ochocientos, ¿sí?
Seis mil ochocientos no alcanzaban ni para comprar un botón de su camisa.
Pero podían salvarle la vida.
La mirada de Santiago se enfrió poco a poco.
—¿Prestar? ¿Con qué vas a pagar?
Ella se quedó pasmada y apretó las manos con fuerza. No tenía nada.
El dinero que había ahorrado, sus fondos, sus propiedades... todo se lo había quedado la familia Ospina y lo habían puesto a nombre de Candela cuando se reveló su identidad.
Y las joyas que le quedaban las vendieron sus padres biológicos cuando regresó con ellos.
Es cierto... ¿con qué iba a pagar?
Le temblaron los labios un buen rato hasta que logró decir:
—Pue... puedo vender... vender...
Antes de que pudiera decir la palabra «sangre», la mirada de Santiago cambió, volviéndose aterradora.
—Violeta, qué bajo has caído.
Una llamarada de ira creció en su interior.
La mujer que antes era altiva, que se atrevía a seguirlo, a bloquearle el paso, a arruinar sus contratos... ¡ahora estaba dispuesta a vender su cuerpo por seis mil ochocientos pesos!
¿Había cambiado?
¡O simplemente estaba mostrando su verdadera naturaleza promiscua!
—No, no es eso, tú... entendiste mal, yo vendo...
Quiso explicar desesperada, pero entre más prisa tenía, más tartamudeaba.
Al instante siguiente, él le apretó la barbilla con fuerza, obligándola a levantar la cabeza y mirar su rostro, que se había acercado bruscamente.
Esos ojos destellaban frialdad, como dagas, atravesándola poco a poco.
—¿Seis mil ochocientos la noche? ¡Já, tú no vales eso!
Una humillación intensa la invadió.
Con los ojos rojos, abrió la boca para explicar, pero de repente se dio cuenta de que no importaba lo que dijera, no serviría de nada. Él ya había decidido que ella era esa clase de persona.
Lo que más había hecho estos años era explicar.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ángel en el Infierno