Pero en ese momento, Clarisa no podía acordarse de quién era.
¿No importaba quién fuese, Zaira estaba embarazada y allí teniendo una aventura amoroso con otro hombre? ¿Le estaba poniendo los cuernos a Serafín? Y para colmo, el tipo sabía que Zaira estaba encinta.
¿No era que Zaira casi pierde al bebé hace poco? ¿Cómo se metía en esas cosas?
Clarisa estaba boquiabierta, sacó su celular, lo puso en silencio y se agachó con cuidado moviéndose hacia el muro de flores.
"¡Ay, qué fastidio! Con besitos y caricias basta, ¿ahora quieres más? ¡Estoy embarazada, idiota!"
"Embarazada eres más sensible, mira cómo te pones eh, Serafín nunca te ha tocado, ¿verdad?"
"¡Cállate!"
Se escucharon los jadeos y rechazos de Zaira, y a Clarisa se le erizó la piel.
Los dos del otro lado del muro de flores seguían en lo suyo, enredados en el calor del momento.
"¿Por qué no puedo mencionarlo? Ese bebé que llevas en tu vientre no es de Serafín, ¿de verdad imaginas que puede casarse contigo? ¡Estás soñando! Aunque saques a Clarisa de en medio, nunca vas a ser la señora de los Cisneros. Mejor quédate conmigo, yo te quiero más que él..."
Clarisa apretó su móvil, sacudida por dentro.
¡Así que el hijo de Zaira no era de Serafín!
Pero, ¿por qué Serafín se preocupaba tanto por el niño de Zaira?
¿Había un malentendido? ¿Zaira habría engañado a Serafín haciéndole creer que era su hijo?
Pensando en las maquinaciones y mentiras de Zaira, Clarisa creía que era posible.
Pero algo no encajaba, Serafín no era tan fácil de engañar.
Y Serafín había insinuado antes algo similar a Rosalba sobre que el niño de Zaira no era suyo.
Clarisa estaba hecha un lío, sin saber qué pensar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Cásate conmigo de nuevo!