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¡Cásate conmigo de nuevo! romance Capítulo 28

"El bebé en el vientre de Zaira es demasiado importante para perderlo. Admito que hoy he sido impulsivo y te he culpado sin entender la situación, pero..."

Clarisa se quedó helada y se dio la vuelta. Él decía que el hijo de Zaira era importante... ¡Qué irónico, no era que no quisiera hijos, simplemente no quería tenerlos con ella, su esposa!

Antes de escuchar esas palabras, ella incluso se negaba a creer que Serafín le pudiera ser infiel, que le pudiera hacer algo tan cruel. Pero en ese momento, la realidad estaba frente a sus ojos; ella sintió que le faltaba el aire, y casi gritando, lo interrumpió: "¡Serafín, cómo puedes ser tan desgraciado!".

Del otro lado del teléfono, hubo una pausa en su respiración, y luego su voz se enfrió: "Clarisa, ya basta de tonterías, vuelve a casa, ¡te dije que eso de ser profesora de baile no es para ti!".

Cuando Zaira llegó a sus vidas a los seis años, se llevó todo lo que Clarisa tenía. Era el destino jugando con ellas, y no podía culpar a nadie.

En ese momento, Zaira estaba a punto de llevarse todo otra vez, y ella tristemente descubrió que seguía siendo tan impotente como cuando era niña. Porque la familia Cisneros nunca había sido su hogar de verdad, incluso esos dos años con Serafín habían sido un error, dos años que había robado. Se rio de su propia desgracia: "¿Volver a casa? ¿Tengo una?".

"¡Muy bien! Creo que te he consentido demasiado, por eso estás tan desinhibida".

Al oír la voz del hombre cargada de ira, ella se sintió exhausta: "¿Demasiado consentida? Zaira está embarazada, ¿dónde queda mi lugar? Nos divorciamos, tú vuelves con ella, yo los dejo ser una feliz familia de tres, así todo vuelve a su cauce y no te estorbo más, ¿no es así?".

Hacía cuatro años, las dos familias ya estaban arreglando un matrimonio entre ellos, y Zaira persiguió a Serafín con todo su ser. Todos asumían que eran la pareja perfecta, pero entonces sucedió el escándalo de ella con él, dos hermanos, y todo se detuvo.

La luz a su alrededor se oscureció, y al levantar la vista, vio un Bentley familiar detenerse lentamente bajo un árbol. Urías salió del auto y abrió la puerta trasera; en el asiento trasero, un hombre vestido con un traje a medida de tres piezas cruzaba sus largas piernas con un aire despreocupado y distinguido, complementando perfectamente el carro de lujo.

Al lado de él había una caja grande de pastel, y sobre sus rodillas, una caja de terciopelo rojo para joyas. El hombre golpeteaba ligeramente la caja de terciopelo con sus finos dedos, esperando pacientemente a que ella subiera al auto, ¿Serafín quería compensar su cumpleaños perdido y darle un regalo? ¿Era una compensación por haber dejado embarazada a Zaira?

Pero el pastel y los regalos solo recordaban a Clarisa que cuando más necesitaba su compañía, él se la había dado a Zaira. En el pasado, con solo una mirada suya, ella hubiera corrido hacia él, abrazándolo feliz y perdonándole todo. Pero ya en ese momento, no quería ser el segundo plato de nadie; ella se levantó lentamente y, con la espalda erguida, empezó a caminar por la calle, sus pasos se veían torpes debido a su herida, pero su silueta era serena y obstinada, sin mirar atrás ni una sola vez.

En el coche, una rara sorpresa brilló en los ojos profundos de Serafín, seguida de un frío que se extendía poco a poco. Miró la delicada silueta de la mujer que se alejaba y, de repente, apretó la caja de terciopelo que tenía sobre sus rodillas.

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