"Sefy, lo siento, no preguntaré más, si no quieres decir nada, entonces no lo digas..."
Serafín parpadeó ligeramente y tomó la mano de Clarisa, besando suavemente sus nudillos.
Ya más calmado, rodeó la cintura de Clarisa con su brazo y entreabrió los labios para hablar.
"Heraclio y Zaira nunca estuvieron juntos. En una fiesta, él accidentalmente tomó una droga que le pusieron sus rivales, y justo se encontró con Zaira. Esa noche ella fue forzada, y quién lo diría, quedó embarazada.
Zaira al principio no quería al bebé, pero justo el Grupo Román atravesaba por problemas. Negocié con ella: invertiría en el Grupo Román y le daría recursos para entrar al mundo del espectáculo a cambio de que ella aceptara tener al niño."
Por eso, Serafín sentía cierta culpa hacia Zaira.
Después de todo, para una mujer, tener al hijo de su agresor no es algo agradable.
Y más aún, ese niño nacería predestinado a no tener padre.
Clarisa se quedó pasmada otra vez; nunca imaginó que las cosas hubieran tomado ese rumbo.
No era de extrañar que siempre sintiera que Zaira carecía de un amor maternal genuino hacia el bebé que llevaba en su vientre.
Si realmente amara a ese niño, ¿qué madre embarazada haría travesuras sin parar?
Anteriormente, Zaira incluso la había empujado a ella hacia una piscina.
"¿La familia Blanco... no sabe de la existencia de ese niño?"
"Martín lo sabe. Ercilia ya está en una fase avanzada de cáncer pulmonar, su salud está deteriorada y además sufre la pérdida de su hijo; no podría soportar más desilusiones o golpes.
Como Zaira tuvo un embarazo complicado y casi pierde al bebé, Martín y yo decidimos mantenerlo en secreto de Ercilia por miedo a que, si algo le pasara al niño, la esperanza se convirtiera en otra tragedia que no podría soportar..."
La voz de Serafín se llenó de preocupación.

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