En ese momento, el test de embarazo mostró lentamente una segunda línea roja. Aunque no era muy marcada, parecía ser un positivo débil. ¡Ella estaba embarazada!
Clarisa sintió que las piernas le fallaban y retrocedió hasta sentarse en la tapa del inodoro, quedándose mirando fijamente esas líneas, perdida en sus pensamientos.
Celeste le arrebató el test de embarazo, temblando de rabia: "¡Carajo, dónde se escondió Serafín cuando repartían cerebro! ¿Cómo es posible que embarace a dos mujeres al mismo tiempo? ¡Bestia!".
Se agachó y abrazó a Clarisa: "Clarita, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a tener al bebé?".
Pero Clarisa no sabía qué hacer. Después de casarse, le había prometido a Serafín que no tendrían hijos, pero en su corazón realmente lo deseaba. Necesitaba desesperadamente un bebé que demostrara que su relación con él tenía sentido, incluso había pensado que, si tenían un hijo, tal vez él empezaría a aceptarla como su esposa y poco a poco se enamoraría de ella.
En ese momento sabía lo tonta y humillante que era esa idea, y estaba decidida a dejarla atrás. Pero el bebé realmente ya estaba en camino. Ella estaba confundida, y cuando sonó el timbre de su móvil, quiso distraerse de sus pensamientos y respondió sin mirar.
"¿Maestra Viento? Soy Zaira, te contacto por lo del encargo musical. Supongo que el gerente general de Grupo Cisneros ya te lo explicó bien claro, el precio no es problema, si no estás satisfecha, podemos aumentar la oferta".


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