—¿De qué demonios se ríen? —Keira ya estaba furiosa, pero no se atrevía a desquitarse con Nil después de que le gritó.
Así que volteó y enfocó todo su coraje en Cecilia y Macarena.
En realidad, no era tan ingenua como para no haberse dado cuenta de que su novio estaba distante.
—Nada más nos reímos, no es un delito, ¿o sí? —respondió Cecilia, pensando que Keira no estaba viendo el problema real.
En vez de reclamarles por reírse, ¿no debería estar interrogando a su amiguita y a su novio sobre qué traían entre manos?
—¡Ustedes dejen de burlarse! —Keira las fulminó con la mirada—. Si no fuera por ustedes...
No pudo terminar la frase porque Cecilia la interrumpió sin piedad.
—Si no fuera por nosotras, todavía no te darías cuenta de los cuernos gigantes que te están poniendo.
Gina ya no aguantó más la humillación.
—Señorita Ortiz, Macarena, ya basta de meter cizaña.
—Nil y yo somos solo amigos.
—Jamás haríamos algo para lastimar a Keira.
—Aunque Nil haya sentido algo por mí en el pasado, ahora es el novio de Keira.
Cecilia la miró con una sonrisa cargada de sarcasmo.
—Ay, por favor... ¿Sabías que a Nil le gustabas y aún así se lo presentaste a tu amiga?
—¿Acaso querías que ella se quedara con la basura que tú no quisiste?
—¿O solo querías tener a tu repuesto a la mano por si las moscas?
Macarena empezó a aplaudir con entusiasmo.
—¡Ceci tiene toda la razón!
—Prima, la verdad, no pensé que fueras tan mosca muerta.
Gina jamás había sido humillada de esa manera por Macarena.
Clavó la mirada en Cecilia; la culpa de todo la tenía esa aparecida que la estaba dejando en ridículo frente a todos.
—Yo no tenía idea, Nil... —tartamudeó Gina.
Ya no sabía ni qué inventar para salvarse.
Volteó a ver a Nil, desesperada porque él saliera en su defensa.
Y Nil no la defraudó.

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