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Celina: entre la medicina y el adiós definitivo romance Capítulo 107

Las palabras de Emilio cayeron sobre Celina como un balde de agua helada, apagando la última chispa de esperanza y cariño que le quedaba. No podía creerlo; se sentía impotente, rabiosa, con una mezcla de indignación y resignación, pero, aun así, conservaba una calma extraña, casi ajena.

En ese instante comprendió que, cuando el dolor es demasiado fuerte, ni las lágrimas pueden salir.

La situación solo le resultaba absurda.

—¿Me reclamas por haberle quitado su lugar durante seis años? Pues mira, ahora se lo devuelvo, ¿está bien?

Celina apartó la mano de Emilio de un empujón y, cuando estaba por salir, él la sujetó del brazo de repente. Sus ojos, oscuros y sombríos, la taladraron.

—¿Qué dijiste?

—Dije que le devuelvo su lugar. Ahora te doy la oportunidad de compensarla.

Celina le soltó la mano de un tirón y salió por la puerta sin mirar atrás.

Emilio se quedó parado, cada vez más sombrío, como si algo que creyó tener bajo control estuviera escapando de sus manos con desesperación.

¿De verdad podía venir cuando le daba la gana y luego irse así como así?

Sin pensarlo más, Emilio tomó su celular y marcó un número.

...

Celina fue al hospital.

Se detuvo frente a la puerta de la habitación, observando a Lucía, quien no se separaba ni un segundo de la cama de Matías.

Desde que Matías fue internado, Lucía prácticamente se había mudado al hospital. Pasaba las noches en vela, cuidándolo, haciéndose cargo de todo como buena madre.

Quizás eso era lo que ella siempre había anhelado: el cariño de una madre…

Se preguntó si su verdadera madre la habría cuidado así.

Apretó los labios, tratando de ordenar sus sentimientos, y giró el picaporte.

Lucía volteó al escuchar la puerta, el paso del tiempo marcado en su mirada.

—¿Celi?

—Mamá, ¿por qué no descansas un rato? Yo puedo cuidar a Matías.

Lucía sonrió, masajeando el brazo de Matías para ayudarle con la circulación.

—No te preocupes, hija. Aquí estoy bien, igual no tengo nada más que hacer.

Celina se sentó a su lado, en silencio.

—Por cierto, ¿hoy no fuiste al trabajo? Fui a tu área para llevarte desayuno, pero no te encontré —comentó Lucía, con un deje de ternura.

Capítulo 107 1

Capítulo 107 2

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