El conductor no tardó en regresar al carro después de preguntar en la farmacia. Se inclinó hacia la ventanilla y le dijo algo a Emilio.
Emilio se quedó helado por un momento, mudo, con la mirada perdida, como si estuviera procesando algo muy profundo.
...
Al volver a la oficina, Celina se hizo la prueba de embarazo. Esperó cinco minutos, casi sin respirar. Al ver que salía negativo, soltó el aire y sintió cómo se le desinflaba el pecho. Por suerte, no estaba embarazada.
Fue después a la farmacia y tomó unas medicinas suaves para el estómago. Al pasar junto a la sala de descanso, escuchó a dos enfermeras hablando de Irene.
Desde la última vez que Irene la había prevenido sobre las intenciones de Abril, Celina no la había vuelto a ver.
Ahora se enteraba de que, justo después de aquel día, Irene había renunciado.
De regreso en su oficina, Celina intentó llamarla. Nadie contestó. Así que, usando los datos de la hoja de ingreso de personal, consiguió la dirección donde vivía Irene. Cuando cayó la tarde, Celina decidió ir a buscarla personalmente.
Dejó el carro sobre una callecita angosta, donde los edificios parecían apretujarse unos contra otros y los caminos apenas dejaban pasar a los peatones. No había manera de entrar con el carro.
Irene salió justo de una tiendita de la esquina, cargando una bolsa plástica. Se sorprendió al verla ahí, parada frente a su puerta.
—¿Celina?
Celina le sonrió y asintió con la cabeza.
Pasaron unos segundos entre la sorpresa y la incomodidad, hasta que Irene la invitó a pasar. Dentro de la casa, le ofreció un vaso con agua tibia.
—Solo estoy yo. Mi familia salió. Celina, ¿qué te trae por aquí?
Ella levantó la cabeza, dudosa.
—Escuché que renunciaste.
Irene bajó la mirada y se quedó muda.
Celina la observó en silencio, estudiando su reacción.
—¿Fue por culpa de Abril?
La pregunta flotó en el aire.
—No... no fue por eso. Fue cosa mía. Ya no quería seguir —Irene apretó las manos, evitando mirarla a los ojos.
Celina notó su incomodidad y no insistió. Se limitó a tomar un sorbo de agua.
—¿Te gustaría ir conmigo al Hospital de Solsepia?
Irene se quedó pasmada.
—¿Te vas a Solsepia?
—Ya pedí el cambio. El Hospital de Solsepia no tiene los mismos beneficios que Clarosol, pero al menos ahí puedo estar tranquila.


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