¿Él sentía compasión por ella?
Antes, ella ni siquiera se atrevía a imaginar que él pudiera sentir algo así por ella.
Celina parpadeó, sus ojos cargados de una calma que parecía inquebrantable.
—Si te caes una vez, ¿a poco no sabrías si duele o no?
Él soltó una risa baja.
—¿Ya te estás enojando conmigo?
Celina solo se quedó callada, sin ganas de seguirle el juego.
Emilio la soltó y apoyó la mano sobre su cintura, tan delgada que podía rodearla con una sola mano.
—No te voy a tocar. Ten cuidado cuando te bañes, no vayas a caerte.
Celina seguía dándole la espalda, distraída, y apenas asintió con la cabeza.
Cuando Emilio salió, ella sintió que por fin podía respirar. Todo su cuerpo se relajó, como si se hubiera quitado un peso enorme de encima.
Se volvió y miró el algodón con el que se había detenido el sangrado, todavía aplastado bajo su brazo. Incluso tenía en la mano la cinta adhesiva que habían usado para la inyección. Si Emilio hubiera insistido en acercarse, seguro se habría dado cuenta de todo…
...
Al día siguiente, Celina apenas llegó al hospital, escuchó rumores de que la mamá de la jefa de enfermeras había sido despedida. Esa señora llevaba años trabajando como cuidadora en el hospital, tenía más de diez años en ese puesto y los pacientes siempre estaban contentos con ella.
Faltaba solo un año para que pudiera jubilarse, pero igual la corrieron. Nadie lo podía entender.
Celina ni siquiera sospechaba que eso tuviera algo que ver con ella, hasta que la jefa de enfermeras fue a buscarla a la oficina.
—Celina, mi mamá ya tiene edad, pero no deberían despedirla, ¡debería jubilarse con honor! ¿Sabes lo vergonzoso que es para alguien de su edad que la despidan así?
Celina la miró, desconcertada.
—Yo nunca dije que ella me había hecho algo.
—¡Pero la despidieron por tu culpa! —explotó la jefa de enfermeras, al borde de las lágrimas—. Mi mamá no sabe nada de lo que pasó, solo porque estuvo en el pasillo, la señalaron como si ella te hubiera empujado.
—Celina, sé que tienes mucha influencia aquí, que el director te aprecia, pero no puedes andar acusando a mi mamá sin pruebas.
Celina se puso de pie lentamente.
—Yo no sabía nada de esto —dijo, acercándose—. Tranquila, voy a preguntarle a Bastián, a ver quién tomó esa decisión y por qué.
—¿De verdad no fuiste tú?
—En el pasillo no hay cámaras, ni yo podría estar segura de quién fue. ¿Por qué los demás creen que fue tu mamá?
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