Al ver a Celina llorar, Matías se quedó completamente desconcertado.
—Hermana, no es para tanto… ¿Por qué lloras?
Matías nunca supo cómo consolar a una mujer, mucho menos a su hermana. Pero al verla así, su corazón se ablandó.
—Ya, no llores, ¿sí? No estoy enojado, de verdad. A partir de ahora hago caso en todo, te lo prometo. Ya no me voy a enojar contigo.
Celina, entre lágrimas, no pudo evitar sonreír. Tomó la mano de Matías y le puso el reloj que le había comprado.
—Es que me conmoviste. El niño que solo sabía hacer berrinches ya creció.
—Hermana, ya tengo veintiún años, no soy ningún niño.
Celina lo miró y solo sonrió, sin decir nada más.
...
Mientras tanto, Tania llegó hecha una furia a la empresa de Emilio. Ni siquiera esperó a que Lea la anunciara y entró directo a la oficina.
—¡Hermano!
Emilio estaba reunido con varios empresarios extranjeros discutiendo un proyecto. La irrupción de Tania hizo que todos la miraran de inmediato.
El gesto de Emilio dejó claro su molestia.
Tania recién ahí se dio cuenta de su imprudencia.
Lea, con los nervios de punta, entró tras ella.
—Disculpen, ahora mismo retiro a la señorita Arce.
Lea sacó a Tania y la dejó esperando en la sala de recepción por media hora, hasta que Emilio terminó y fue a buscarla.
En cuanto lo vio, Tania se lanzó hacia él, los ojos enrojecidos de frustración.
—¡Hermano, tienes que defenderme!
—Hoy fui al hospital y me encontré con Celina. Nada más le dije un par de cosas y, ¡quién iba a pensar que ese hermano salvaje suyo iba a querer golpearme! Y esa Celina, se la pasa usando a la abuela para presionarme, ¡me tiene harta!
—¿Ya terminaste? —Emilio le lanzó una mirada indiferente, mientras se dejaba caer sobre el sofá.
Tania se atragantó con sus propias palabras, pero insistió acercándose.
—¡Hermano, los de la familia Flores me maltrataron!
—Tania, ¿qué te he dicho antes? —Emilio levantó la taza de la mesa y le quitó la tapa con calma—. Y aunque sea así, sigue siendo tu cuñada. ¿Crees que tienes razón por ir a hacer un escándalo al hospital?
—Pero, ¡hermano! ¡Tú nunca la has defendido antes!
—Lo que pasó en la fiesta de cumpleaños de la abuela… no creas que no sé que fuiste tú.
Al atardecer, Celina no tenía prisa por volver a casa. Decidió llevar a Matías a una cena en un restaurante de comida internacional.
—Hermana, ¿a poco ya no te duele gastar en lugares así? —Matías se sorprendió al verla elegir un restaurante donde una sola comida costaba más de mil pesos.
Sabía bien que, incluso después de casarse con Emilio, nunca había ido a comer a sitios tan caros.
Celina revolvía con el tenedor los fideos en su plato, su voz tranquila.
—Hay veces que hay que gastar, y mañana es tu cumpleaños. Es motivo suficiente.
Cuando se casó con Emilio, le daba miedo gastar demasiado, no fuera que él pensara que era una despilfarradora. Por eso, durante seis años, ahorró en privado todo lo que pudo. Ahora tenía suficiente para comprar una casa en Solsepia.
—Hermana, te noto diferente —Matías la miró con seriedad. Por un instante, sintió que la persona frente a él ya no era la misma hermana de siempre.
—Dicen que las mujeres cambiamos mucho, ¿no? Pues yo cambié el doble.
Alzó el vaso y dio un trago a su jugo.
Matías soltó una carcajada.
—Yo sí te creo, hermana.
—¿Celina?
Celina se sorprendió y levantó la mirada. A unos pasos de distancia, Oliver se acercaba directo hacia ella.

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