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Cicatrices de un Amor Podrido romance Capítulo 175

La mirada calculadora de Simón sobre Rafael me erizó la piel. Sin pensarlo, me moví para interponerme entre ambos. A pesar de que Rafael ya no era aquel chico tímido y asustadizo de antes, seguía siendo como mi hermano pequeño. No me perdonaría si por mi culpa saliera lastimado.

Vi cómo los ojos de Simón se cristalizaban ante mi gesto protector. Durante años había estado incondicionalmente de su lado, sin cuestionarlo jamás. El verme ahora protegiendo a otro hombre de él lo destrozaba.

—Luz, tú... —la mandíbula de Simón se tensó, pero algo en su expresión cambió al recordar sus propios errores.

Su voz se suavizó, intentando recuperar el control.

—No pensaba hacerle nada, de verdad.

Crucé los brazos sobre mi pecho, la ironía goteando en cada palabra:

—Si es así, entonces cada quien por su lado. Ustedes a lo suyo y nosotros a lo nuestro.

Sin esperar respuesta, tomé a Rafael del brazo para dirigirnos al privado que había reservado. Alberto me había aconsejado suavizar las cosas con Simón para conseguir pruebas y demandarlo después, pero la rabia me quemaba por dentro. Cada manipulación, cada mentira, hacía imposible mantener una fachada amistosa.

Simón abrió la boca para decir algo más, pero la presencia de Violeta, aferrada a su brazo como una sanguijuela, lo detuvo. Él mismo sabía que cualquier palabra suya carecería de peso mientras siguiera permitiendo que ella lo manipulara. Solo cortando todo lazo con Violeta tendría una mínima oportunidad de reconciliación. A pesar de sus celos evidentes, confiaba en mi integridad; sabía que, mientras siguiéramos casados, mantendría mis límites con otros hombres.

Pero Violeta, incapaz de dejar las cosas en paz, alzó la voz con malicia calculada:

—Oye, hermana, ¿de dónde sacaste ese hombre con el que según creciste? Que yo sepa, también me crie contigo y jamás lo había visto.

Sus ojos brillaron con veneno mientras agregaba:

Mi voz se elevó, cargada de desprecio.

—¿Quieres que saque las fotos de tus románticas vacaciones? ¡No te hagas la santa cuando tienes las manos igual de sucias! ¡Aléjate de una vez por todas!

El rostro de Violeta se contorsionó en una mueca de incredulidad. Estaba acostumbrada a manipular la narrativa a su favor, a jugar el papel de víctima inocente. Jamás esperó que me atreviera a exponer sus mentiras así, aun cuando ella ocupaba una supuesta posición moral superior.

Los murmullos de la gente a nuestro alrededor la descolocaron aún más. Ya nadie se tragaba tan fácilmente el cuento de la cara bonita y la historia triste; las redes sociales habían educado bien a la gente sobre las fake news.

Violeta, furiosa al ver su teatro desmoronarse, se aferró al brazo de Simón como si fuera su tabla de salvación.

—Simón... —gimoteó con voz quebrada—. Me están atacando... todos me están atacando...

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