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Cicatrices de un Amor Podrido romance Capítulo 400

La revelación encajaba perfectamente con la naturaleza del mundo que Alejandro conocía tan bien. Un mundo donde cada acto de bondad ocultaba un motivo ulterior, donde la pureza era solo una máscara para el cálculo y la manipulación. Esa explicación tenía más sentido que cualquier cuento de heroísmo desinteresado.

"El mundo siempre ha sido así", pensé mientras observaba cómo la tensión abandonaba gradualmente sus hombros. "No hay lugar para la bondad genuina, solo para las transacciones disfrazadas de virtud."

La sombra de una sonrisa amarga cruzó su rostro mientras sacaba del bolsillo el encendedor, regalo de su hermano, que había arrojado momentos antes en un arrebato. Sus dedos acariciaron el metal pulido, como si en ese objeto residiera el último vestigio de verdadera conexión humana que le quedaba. Sin decir palabra, dio media vuelta y se marchó, llevándose consigo esa reliquia de un tiempo más inocente.

El sonido de la puerta al cerrarse fue como el punto final de una sentencia. Carla se desplomó en su silla, su cuerpo entero temblando con el eco de la adrenalina. El aire que había estado conteniendo escapó de sus pulmones en una exhalación entrecortada. Sus ojos permanecieron fijos en la puerta, anticipando que en cualquier momento podría volver a abrirse.

La media hora siguiente se extendió como una eternidad mientras esperaban, inmóviles y en silencio, hasta que la ausencia prolongada de Alejandro confirmó que la tormenta había pasado. Su cómplice apenas había separado los labios para hablar cuando la mirada penetrante de Carla lo silenció. El mensaje era claro como el agua: incluso las paredes podían traicionarlos.

...

El Castillo del Mar se alzaba majestuoso contra el cielo invernal. Desde mi regreso de Francia, mi bandeja de entrada se había convertido en un desfile interminable de regalos de Simón. Cada uno revelaba un conocimiento íntimo de mis gustos y necesidades, una atención al detalle que en otros tiempos me habría conmovido. Los aceptaba con una cortesía mecánica, pero mi corazón permanecía sellado tras un muro de determinación inquebrantable.

"Esta vez será diferente", me repetía cada vez que llegaba un nuevo regalo. "No volveré a caer en sus redes."

La nieve caía con una intensidad inusual esa noche mientras salía del laboratorio. El campus se había transformado en un lienzo blanco, donde cada paso dejaba una huella efímera que la nieve se apresuraba a borrar. El silencio era casi tangible, roto solo por el suave crujir de mis botas contra el manto nevado.

Capítulo 400 1

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