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Cicatrices de un Amor Podrido romance Capítulo 467

Las reglas y expectativas se habían convertido en una jaula invisible que lo asfixiaba día tras día. Su espíritu inquieto ansiaba romper cada barrote, escapar de las convenciones que lo aprisionaban. Como agua contenida tras una represa, la presión aumentaba constantemente, amenazando con destruir todo a su paso cuando finalmente encontrara una grieta por donde liberarse.

El grupo criminal apareció en su vida como un oasis en medio del desierto. Ahí, entre las sombras de la ilegalidad, encontró ese espacio donde podía ser él mismo, donde sus impulsos más oscuros no necesitaban ser contenidos. Era como descubrir un mundo paralelo donde las reglas de la respetable familia Ayala no existían.

Pero la claridad mental nunca lo abandonaba del todo. En sus momentos de reflexión, comprendía que una existencia en las sombras tenía su precio. Los placeres prohibidos eventualmente cobrarían su cuota, y el brillo del mundo criminal terminaría opacándose. Necesitaba una estrategia, una salida limpia para cuando llegara ese momento.

La revelación sobre Simón fue como una señal del destino. Su gemelo idéntico era la pieza que completaba el rompecabezas de su plan maestro. Las posibilidades se desplegaron ante él como un abanico de oportunidades.

Cada movimiento fue calculado con precisión quirúrgica. El secuestro de Luz en aguas internacionales, la explosión del yate, su heroico sacrificio para salvar a Simón... Una obra maestra de engaño donde cada actor interpretó su papel sin saber que eran simples marionetas en su teatro.

La familia Ayala, con su obsesión por mantener las apariencias, haría exactamente lo que él anticipaba: colocar a Simón en su lugar, preservando así la fachada de normalidad. Era perfecto. Mientras su gemelo mantenía su posición en la familia, él podría sumergirse en las profundidades del mundo criminal usando la identidad de Simón.

Y cuando el juego perdiera su encanto, emergería victorioso con las arcas llenas, mientras su hermano cargaría con todo el peso de sus pecados.

Carla lo observaba con una mezcla de admiración y horror mientras las piezas del rompecabezas se acomodaban en su mente. La crueldad calculada del plan era abrumadora. Israel había orquestado la destrucción de su propio hermano con la misma facilidad con que se mueve una pieza de ajedrez.

Qué ironía que Simón, en su ingenuidad, se sintiera tan agradecido con su salvador que incluso toleraba la presencia de Carla, a quien despreciaba profundamente.

Capítulo 467 1

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