Entrar Via

Cicatrices de un Amor Podrido romance Capítulo 493

Entre el murmullo de las conversaciones y el tintineo de la cristalería, los vi acercarse: Simón y Carla, avanzando con paso medido hacia nosotros. Un torbellino de emociones se agitó en mi interior, sensaciones contradictorias que se entrelazaban como hilos de seda en un tapiz incomprensible.

Observé a Simón con detenimiento, preguntándome cuándo llegaría el día en que su presencia no provocara esta inquietud en mi pecho, este sutil temblor en mi respiración. ¿Cuándo podría mirarlo como a un simple conocido más, sin que su sonrisa despertara ecos de memorias que creía olvidadas? La respuesta se mecía en el horizonte de mi futuro, esquiva pero prometedora.

El tiempo había dejado su huella en él, transformándolo en alguien diferente al hombre que, con ojos brillantes por las lágrimas contenidas, me había suplicado que esperara antes de entregar mi corazón a otro. Aquella noche en la fiesta, su voz quebrada había resonado con una desesperación que ahora parecía un eco lejano, una página vuelta en el libro de nuestras vidas.

—Señorita Miranda, señor Ortega, les deseo una feliz vida juntos y una unión eterna —pronunció mientras nos entregaba su regalo, su sonrisa tan pulida como la vajilla de porcelana que decoraba las mesas.

Sus ojos, antes tormentas de emociones desatadas, ahora reflejaban una serenidad que me provocó un suspiro involuntario. La vida nos había enseñado que incluso los amores más profundos, esos que creemos eternos e inquebrantables, pueden transformarse con el paso de los días. Como arena entre los dedos, los sentimientos más intensos se deslizan y cambian, permitiéndonos avanzar hacia nuevos horizontes.

El proceso había sido gradual, casi imperceptible. Como el mar que pule las piedras con su vaivén constante, el tiempo había suavizado los bordes afilados de nuestros sentimientos. De aferrarme a su recuerdo con desesperación, pasé a soltar las amarras que me ataban a nuestro pasado. Y él, que una vez juró no poder vivir sin mí, había encontrado su propio camino hacia adelante.

Aquella promesa de matrimonio, susurrada entre besos y juramentos de amor eterno, se había desvanecido. Y aunque nuestras manos ya no estaban entrelazadas como imaginamos que estarían hasta la vejez, había una dulce melancolía en ver cómo cada uno había encontrado su propia senda hacia la felicidad. ¿No era eso, a su manera, una forma diferente de amor?

—Gracias, señor Ayala —respondí con una sonrisa genuina, una que iluminaba mis ojos y reflejaba la paz que había encontrado. Noté cómo los dedos de Simón se tensaban a sus costados, como si intentara contener un impulso invisible.

Capítulo 493 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cicatrices de un Amor Podrido