Grace
“Mi prometido es gay”.
Ese pensamiento me retumbaba en la cabeza mientras seguía ahí, paralizada, frente a una escena que jamás podría borrar. Veía al hombre que le embestía el culo a mi prometido; Charles gemía como una perra en celo.
Era mi prometido, el hombre con el que iba a casarme en cinco días. El hombre con quien había compartido la cama, planes de futuro y cinco años de vida. Pero ahí estaba, con las piernas abiertas y los ojos en blanco por un placer que jamás le había visto cuando estaba conmigo.
Ya no podía respirar; sentía que me iba a desmayar. Podía escuchar el sonido de esas bolas chocando contra su culo. Quería apartar la mirada, pero no podía. No podía apartar la mirada, como si mi cerebro no lograra asimilar que aquello era real.
—Ah, carajo, Mark... sí, me encanta... carajo... la tienes enorme —gemía Charles, y cada palabra me caía como un puñetazo en el estómago.
Me tapé la boca para contener las náuseas. Sentí que me arrancaban el corazón del pecho y lo hacían pedazos.
¿Era una pesadilla? ¿Iba a despertar en nuestro departamento, a su lado, con sus brazos rodeándome, y descubrir que nada de esto era real?
—Carajo, sí, Charles, bebé —gruñó el hombre—. Recibe a mi grandote. ¡Siéntelo!
—¡Ah, papi! ¡Dame tu grandote!
Se me llenaron los ojos de lágrimas. Me temblaron las rodillas y me sujeté del marco de la puerta para no caer.
¿Papi?
A mí nunca me había dicho algo así en la cama.
¿Qué estaba diciendo?
Nunca había parecido tan interesado en el sexo conmigo. Dos minutos. Eso era lo que tardaba antes de venirse. Cada vez que le pedía más, decía que estaba cansado o me miraba con asco antes de irse.
La cabeza me daba vueltas.
¿Era gay? ¿Bisexual? ¿Siempre había sido así? ¿Lo había fingido todo conmigo? ¿Todos estos años? Cada beso, cada vez que me dijo que me amaba, cada plan que hicimos para el futuro, ¿todo fue mentira?
Me sentí humillada, asqueada y como una completa idiota.
¿Cómo se procesa algo así?
¿Cómo se reacciona cuando descubres que tu prometido, supuestamente heterosexual, se deja coger por otro hombre a días de la boda?
Pero ¿qué estoy pensando?
La mayoría de las mujeres no encuentran a su prometido en pleno acto con otro hombre. Sentí las mejillas húmedas. Levanté la mano y me las rocé. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando.
—¡Mierda, sí, ya casi! —gimió Charles desde la cama.
Sacudí la cabeza despacio, como si tal vez, con suficiente fuerza, pudiera despertar de esta realidad retorcida. Pero el sonido de sus jadeos y la imagen de ellos dos enredados seguían ahí.
Se me escapó una risa amarga.
—¿Sabes qué? —dije, con la voz ronca, casi en un susurro—. Eres un descarado de mierda, Charles.
Se detuvieron y Charles giró la cabeza hacia mí. Abrió los ojos de par en par, aterrado. Se apartó a tropezones del hombre que tenía entre las piernas, buscó a manotazos la cobija más cercana y se la echó encima como si eso pudiera deshacer lo que yo acababa de ver.
—G-Grace... —tartamudeó, con la voz quebrada—. ¿Qué... qué haces aquí?
Me apoyé con más fuerza en la pared, me sequé las lágrimas con el dorso de la mano temblorosa y traté de mantenerme en pie.
—¿Que qué hago aquí? —Repetí despacio, sosteniéndole la mirada—. ¿Es lo primero que se te ocurre decir? ¿Después de que entro y veo esto?
Negó, todavía aferrado a la cobija.
—No. No, no es... no es lo que parece.
—¿No es lo que parece? ¿No es lo que parece?


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