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Compláceme, Papi romance Capítulo 31

Grace

Aparté la mirada. Tenía que hacerlo.

Me miraba con demasiada intensidad. Se me cerró el pecho con todo lo que me golpeaba a la vez, deseo, placer, confusión y, por encima de todo, una emoción que no podía ignorar.

Vergüenza. Me odiaba. Odiaba haber dejado que esto volviera a pasar.

No entendía por qué seguía metiéndome en estas situaciones, por qué seguía dejando que este hombre me enredara. Tal vez una parte enferma de mí lo deseaba. Incluso ahora, con el calor de su caricia todavía en la piel, lo único que quería era volver atrás en el tiempo y dejar que me la volviera a comer.

Me negaba a mirarlo. No quería ver esa expresión, la misma de aquella noche, cuando me miró como si no fuera más que una mujer dispuesta a cambiar su cuerpo por dinero.

Aquella noche no tuve opción. Estaba borracha, desesperada y destrozada. ¿Y ahora? ¿Cuál era mi excusa? ¿El deseo?

Si alguien se enteraba de lo que acabábamos de hacer, parecería exactamente aquello de lo que él me había acusado una vez. No, parecería peor todavía. Me marcarían como la empleada que se acostó con su jefe.

Echaría por tierra todo aquello por lo que había trabajado tanto durante estos años. Les daría la razón a mis padres, que decían que las mujeres no deberían hacer carrera, que solo deberían casarse y tener hijos.

En silencio, me acomodé las pantaletas e intenté alisar la tela empapada que se me pegaba demasiado a los muslos. Me pasé los dedos temblorosos por el cabello para arreglármelo. Aun así, no era capaz de mirarlo.

—Lo... lo siento mucho —susurré.

Apenas me salió la voz.

Intenté ponerme de pie, pero las piernas me fallaron, todavía débiles por el placer que me había arrancado minutos antes. Los muslos me temblaban, las rodillas casi me fallaban, pero no le hice caso. Me levanté del escritorio, tiré del borde del vestido hacia abajo e intenté recuperar una apariencia profesional.

—Lo siento, señor —dije de nuevo, más fuerte esta vez—. No debí hacer eso.

Sentía que me miraba fijamente, pero seguí sin levantar la vista. Ya me sentía barata; no necesitaba que él lo empeorara mirándome. Solo quería disculparme e irme antes de que decidiera despedirme en persona.

—¿Por qué te disculpas? —preguntó en voz baja y fría, casi... ofendido.

Me quedé helada, me pasé la lengua por los labios y por fin logré responder.

—Es mi culpa. No debí acostarme en su escritorio. Para empezar, ni siquiera debí entrar a su oficina. Si no lo hubiera...

Dejé de respirar. Apollo dio un paso hacia mí y, por instinto, retrocedí. Él avanzó otra vez y yo retrocedí otro paso, hasta toparme con la pared fría a mi espalda. Estaba atrapada.

Extendió la mano, me puso un dedo bajo el mentón y me levantó la cara con delicadeza, pero con firmeza, hasta que no me quedó más remedio que mirarlo a los ojos.

Nunca los había visto tan fríos. Tragué saliva. Todo el cuerpo me temblaba. Apenas curvó los labios y dejó ver los dientes, pero no había ni rastro de diversión.

—¿Te acostaste en mi escritorio? —dijo despacio, con la voz baja y peligrosa—. ¿Entonces me estás diciendo que hiciste todo tú sola, señorita Grace? ¿Que yo era tan irrelevante, tan invisible, que crees que te veniste solita?

Abrí los labios y negué enseguida.

—N-no, no quise decir...

Se acercó más y no quedó espacio entre nosotros. Tenía su cuerpo pegado al mío y sentía su calor. Me mordí el labio, agitada, intentando mantener la compostura. Bajó la voz, pero sus palabras me estremecieron.

—Entonces, ¿por qué carajos te disculpas —gruñó—, cuando fui yo quien te mantuvo en ese escritorio y te hizo gozar?

Parpadeé, mirándolo, con el corazón descontrolado. ¿Por qué le enojaba que me disculpara?

Tenía razón, no debía ser yo la que se disculpara. Él lo empezó. Él fue el que me jaló hacia su escritorio, el que me tocó así. Si hubiera sido cualquier otro hombre, me habría ido sin una sola disculpa. Pero él no era cualquier hombre. Era mi jefe, y eso lo cambiaba todo.

Le sostuve la mirada.

—Porque es mi jefe. Tengo que disculparme porque tengo miedo de que me despida.

—¿Qué? —dijo, confundido.

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