El primero mandó un emoji resignado.
-¿Tú crees que fue fácil? La tenían vigilada todo el tiempo. Logré tomar una cuando se giró, de lejos y borrosa, pero se distingue algo...
Apareció la foto.
La imagen tenía poca resolución y estaba tomada desde muy lejos, pero aún así se alcanzaba a ver una figura esbelta, el cabello recogido en un moño alto, la línea perfecta de la mandíbula y un cuello blanco como la nieve adornado con diamantes que relucían bajo la luz.
El chat estalló.
-¡Dios, ese perfil! ¡Parece una estrella de cine!
-Jaja, se parece a mi ex...
-Hermosa, sí, pero hay algo familiar en ella. Dicen que estudió Finanzas, ¿será de nuestra facultad?
-¡No jodas! ¡Mírenla bien! ¿No se parece a la reina del campus de nuestro año? ¿A Camila Rivas?
-Imposible, ¿no? Camila se casó con Alejandro Jiménez, ¿cómo va a ser la heredera de los Díaz?
El que publicó la foto terminó de hablar, y el chat volvió a explotar con rumores.
Todos los temas giraban en torno a la misteriosa señorita Díaz.
El nombre "Camila" apareció de golpe en la pantalla de Alejandro.
Frunció el ceño y, sin pensarlo, dio clic a la imagen para ampliarla.
Pero antes de que la foto terminara de cargarse, una llamada interrumpló la pantalla.
Era de Laura.
Apenas Alejandro contestó, lo único que escuchó fue el llanto de la mujer.
-¿Qué pasa? ¿Qué ocurrió? -preguntó con el corazón encogido, la voz llena de urgencia.
Pero, por más que insistió, Laura solo lloraba y no decía una palabra.
Desesperado, Alejandro trató de calmarla:
-¿Dónde estás? ¿En casa? Voy para allá ahora mismo, ¿de acuerdo?
No alcanzó a terminar la frase cuando la llamada se cortó.
El pánico lo invadió. No le importó que la cena de negocios no hubiera terminado; dio un par de órdenes rápidas a su asistente y se disculpó con los clientes antes de salir.
Solo podía pensar en que a Laura le había pasado algo, y el miedo lo atravesó como un cuchillo.
Por suerte, no bebía al atender a los clientes.
Mientras conducía a toda velocidad, seguía llamándola una y otra vez.
Tras varios intentos, por fin alguien respondió.
-Laura, ¿qué te pasa...? -dijo con voz quebrada.
-No soy Laura. Soy Lucía Serrano. Ven al Bar Q; está tan borracha que apenas puede más.

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