Capítulo 23
Alejandro reaccionó enseguida.
-Camila, ¿qué te pasa? Antes nunca te importaban esas cosas. El Grupo Jiménez es fruto de nuestro esfuerzo conjunto. Somos marido y mujer; la mitad de mis acciones también te pertenece. Lo que me estás pidiendo no tiene sentido. Además...
-Sabes perfectamente cómo está la empresa - continuó, bajando el tono-. La suma de las participaciones de mi padre y los demás accionistas supera con creces la mía. Aunque quisiera complacerte, no puedo hacerlo.
-Y esos viejos testarudos jamás aceptarían que una mujer dirigiera la compañía. Si llegara a pasar, te convertirías en el blanco de todos. No quiero verte sufrir, por eso nunca quise que tuvieras acciones.
Alejandro desplazó el conflicto hacia los accionistas, negándole con habilidad mientras se pintaba como alguien que solo velaba por ella.
-Claro, somos esposos. Si me das las acciones, seguirán siendo parte de nuestros bienes conyugales, ¿no?
Por más vueltas que él le diera, Camila siguió su juego con serenidad.
-Solo quiero lo mejor para la empresa, para nuestra familia... para ti.
Alejandro sintió que la rabia le subía al pecho y no podía desahogarla. Quiso discutir, pero Camila parecía totalmentea otra persona hoy: ni las palabras suaves ni las duras surtían efecto.
¿Era posible que su carácter se hubiera vuelto así de fuerte?
¿O acaso su amor por él había cambiado, y por eso empezaba a ponerle condiciones?
-Camila, lo nuestro no fue fácil. No quiero que por un asunto familiar aparezcan grietas entre nosotros.
El tono de Alejandro se suavizó; su voz se volvió melancólica. Jugaba la carta emocional.
En el pasado, incluso en las peores discusiones, bastaba recordarle cómo había desafiado a todos para casarse con ella, y Camila siempre cedía.
Pero esta vez, no lo dejó terminar.
-Alejandro, dicen que el dinero de un hombre muestra dónde está su amor.
-Yo me he entregado por completo al Grupo.


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