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De esposa engañada a millonaria casada con poder romance Capítulo 33

Capítulo 33

Por suerte, los meseros y los escoltas escucharon el alboroto y corrieron a separar a las dos. A Isabela la sostuvo una de las personas a su lado.

Esa noche Leonardo también estaba presente.

Había ido justo porque temía que Camila tuviera algún problema, por eso, aunque detestaba las fiestas, decidió asistir.

Apenas llegó, se quitó el traje y lo colocó sobre los hombros de Camila. Luego volteó hacia Isabela con una mirada con furia.

-Isabela, esto no es el Grupo Herrera. Si vas a hacer un escándalo, al menos elige bien a quién.

¿O es que la familia Herrera quiere enemistarse con la familia Díaz?

-Leonardo, esto es un asunto entre Camila y yo.

No tiene nada que ver contigo ni con los Díaz.

¡Hazte a un lado!

Isabela tenía el rostro completamente rojo. Al ver cómo todos se agolpaban frente a Camila para protegerla, se sintió furiosa, impotente y hasta un poco asustada. En medio de la rabia, empezó a Ilorar.

Sus amigas se apresuraron a consolarla.

-Isa, no vale la pena, ¿sí? No te metas en problemas con los Díaz por una tontería.

-Exacto. Además, puede que Gabriel también esté aquí.

Al escuchar el nombre de Gabriel, Isabela se sintió aún peor. Miró a Camila con tal resentimiento que parecía capaz de devorarla.

El salón estaba oscuro, y el alboroto que habían armado apenas llamó la atención de los presentes.

Por el contrario, justo en ese momento, un murmullo recorrió todo el lugar: las miradas se dirigieron al centro de la pista, donde dos siluetas llamaban la atención.

Las luces, como luciérnagas, bailaban alrededor, destellando entre los reflejos.

El hombre y la mujer se movían con elegancia y precisión. Sus pasos estaban perfectamente sincronizados, parecían la pareja ideal.

Camila los reconoció al instante.

-Es Gabriel.

Las amigas de Isabela también lo notaron y soltaron una exclamación. De inmediato miraron a Camila.

Camila ya la había notado durante el discurso: la presentadora tenía una elegancia natural, imposible de pasar por alto. Lo que no imaginó fue que también sería una de las invitadas especiales del evento.

Su mirada se posó de nuevo en la pista. Gabriel y Selena se movían con una coordinación tan perfecta que parecía una coreografía ensayada.

Camila los observó solo un par de segundos antes de apartar la vista. Tomó una copa de champaña у bebió un sorbo.

No había nada por lo que valiera la pena preocuparse.

Dejó la copa sobre la mesa y decidió irse del salón.

No tenía sentido quedarse en medio de tanto alboroto. Tenía un vuelo temprano al día siguiente y lo mejor era descansar.

Al llegar a su habitación, terminó de empacar.

Justo entonces, su celular se iluminó, había tres llamadas perdidas y un mensaje.

Dos Ilamadas de Alejandro y un texto preguntándole si volvería al país al día siguiente.

En sus palabras se notaba la misma cautela de siempre, ese tono sutilmente inquisitivo que lo caracterizaba.

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