Capítulo 37 Laura estaba entre el dolor y la rabia. Los ojos se le llenaron de lágrimas y, sin poder contenerse, estas rodaron por sus mejillas. Miró a Alejandro con furia y, abrazando a su hijo, regresó al dormitorio.
Alejandro pareció despertar de golpe.
-¡Laura!
Pero apenas dio dos pasos cuando se detuvo. No tenía cabeza para ir tras ella. Se giró y llamó a una de las empleadas para preguntar sobre cuándo se fue Camila, ¿cómo que no sabía nada?
Las empleadas, nerviosas, solo pudieron contarle la verdad.
Camila había hecho las maletas y se había marchado varios días atrás. Les pidió que no lo molestaran con el asunto porque él estaba demasiado ocupado.
El corazón de Alejandro dio un vuelco.
¿Varios días atrás?
Eso coincidía justo con la llegada de Laura a la casa.
Así que Camila sí estaba molesta por eso, ¡lo estaba desafiando!
Laura, por su parte, estuvo llorando una hora entera abrazada a su hijo. Alejandro no apareció en ningún momento para consolarla.
Mateo también estaba destrozado, la abrazó y preguntó:
-¿Papá ya no nos quiere? Me pegó por culpa de esa mujer mala.
-Tranquilo, Maty, tu papá no va a dejarnos -le dijo Laura, aunque ni ella misma estaba segura de lo que pensaba Alejandro.
Él decía que solo usaba a Camila y aun así perdía el control cada vez que se trataba de ella.
Temía que, al final, Alejandro realmente hubiera empezado a sentir algo por Camila.
-¡Pero papá daba miedo! -dijo el niño a punto de llorar otra vez al recordar cómo su padre lo había regañado.
Alejandro la miró sorprendido. No había ni una sombra de reproche en su rostro, solo ternura.
-¿No estás enojada conmigo? -preguntó con la voz ronca.
Sabía que había perdido la cabeza. En los últimos días, se había dejado arrastrar por la confusión, y en ese torbellino había olvidado los sentimientos de Laura.
-¿Cómo podría estarlo? -negó ella, colocando su mano sobre su pecho-. Todo lo que haces es por nosotros, ¿no?
-Laura... -murmuró Alejandro bajando la cabeza -. No he manejado bien las cosas.
-No es tu culpa. No debí dejarte solo en esto.
Somos esposos, y los esposos deben enfrentar juntos los problemas.
Sus palabras lograron aliviar un poco la angustia que Alejandro sentía. La abrazó con fuerza, pero al cerrar los ojos, la imagen que vino a su mente fue la de Camila.

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