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De esposa engañada a millonaria casada con poder romance Capítulo 47

Capítulo 47

El ambiente cambió de una falsa cordialidad a una mezcla total de miedo y adulación.

-Camila, ¿qué relación tienes con la familia Diaz?

¿De verdad eres la heredera?

Solo el organizador del reencuentro, convencido de no haberla ofendido, se atrevió a preguntar.

Al oírlo, varios aprovecharon la ocasión para congraciarse con ella:

-Camila, seas o no la señorita Díaz, yo nunca pensé que te fuera mal. ¡En la universidad siempre te admiré mucho!

-Jamás imaginé que una historia de la heredera perdida pasaría a mi alrededor. Esto es como ganarse la lotería, jaja.

-Camila, ¡eras una maestra del disimulo! ¿Cómo no nos contaste algo tan grande?

-Camila, todo lo que dijimos fue en broma. No te lo tomes a pecho. Nosotros ni siquiera somos cercanos a Daniela. Ya sabes cómo es ella, ¡no queríamos que la situación se saliera de control!

El ambiente volvió a animarse, aunque esta vez todos se apresurarona rodear a Camila, dejando a Nuria fuera del círculo.

Daniela quedó sola, y sin importar lo que dijera, nadie le prestó atención. Algunos incluso la empujaron con rudeza, buscando desquitarse por lo ocurrido.

-Daniela, qué descaro el tuyo. Arruinaste toda la reunión, y para colmo dijiste que conocías a la heredera de los Díaz. ¡Si la tenías frente a ti y ni la reconociste!

-¡Camila no puede ser la heredera de los Díaz! - gritó Daniela, todavía emperrada, exigiendo que Camila lo demostrara.

-No importa si lo soy o no -dijo Camila.

La sala quedó en silencio absoluto. Ella se acercó lentamente a Daniela y levantó la mano.

Daniela pensó que Camila iba a golpearla yУ, asustada, se cubrió la cara. Pero Camila solo tomó de detrás del sofá el bolso viejo que había traído consigo.

-Daniela, ese círculo social al que tanto te esfuerzas por entrar no significa nada para mí. Lo

Todos los demás también se sintieron avergonzados, incluso quienes querían acercarse otra vez a ella, no se atrevieron.

Camila se acercó a Nuria y le dio unas palmaditas en el hombro.

-Ya es tarde. Me voy. Mañana te deseo suerte.

-Camila... -susurró Nuria, sin saber qué decir.

Se arrepentía de haberla invitado aquella noche.

Aunque Camila la había ayudado, ahora que sabía quién era realmente, le resultaba imposible tratarla como antes.

Camila salió del salón.

Pocos minutos después, el gerente del lugar llegó apresurado, ella había hecho una Ilamada a la familia Díaz, y enseguida enviaron a un asistente para recogerla.

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