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De esposa engañada a millonaria casada con poder romance Capítulo 62

Capítulo 62

—Podría ser en la noche —dijo Gabriel.

En realidad, solo tenía libre al mediodía, si quería verla en la noche, tendría que cancelar un evento.

—Por la noche, tampoco puedo.

Camila se sintió un poco incómoda. Esa noche tenía una cita con un grupo de inversionistas.

—¿Ah, si? Entonces, ¿cuándo tendrás tiempo?

La voz de Gabriel sonaba tranquila, sin emociones, pero sus dedos, apoyados sobre el escritorio, se curvaron ligeramente.

—No estoy muy segura, tal vez dentro de una semana. En cuanto pueda, le escribo, ¿sí?

Camila apenas terminaba de hablar, cuando alguien la llamó para preguntarie por unos datos, y respondió enseguida.

—Perdón, Señor Gabriel, estoy un poco ocupada, debo colgar.

—Camila...

Antes de que Gabriel alcanzara a decir algo, el

celular ya había emitido el tono de llamada cortada.

Se quedó inmóvil. Era la primera vez que alguien le colgaba.

"¿De verdad está ocupada o solo busca una excusa?", pensó.

Su expresión se ensombreció. De inmediato llamó a Óscar.

—Averigua qué está pasando en la Corporación Díaz. Quiero saber por qué están tan ocupados.

El tono de Gabriel era tan frío que Óscar se tensó al instante.

Aunque su jefe era distante, rara vez perdía la calma. Y en todo el tiempo que llevaba a su lado, nunca lo había visto tan visiblemente molesto.

¿No había entrado de buen humor hace apenas unos minutos?

—La Corporación Díaz no ha tenido ningún problema reciente. ¿Desea que investigue si la señorita Camila está ocupada?—soltó sin pensarlo.

Si Gabriel preguntaba por la Corporación Díaz,

solo podía ser por Camila.

En pleno centro de la ciudad, en el Hotel Warren.

Camila llevaba varias rondas de copas y ya no pudo más. Se levantó y corrió al baño a vomitar.

Buscar inversión implicaba acompañar a los clientes con un par de tragos, y de su equipo, las cinco chicas que la acompañaban no sabían beber.

Así que le tocó a ella.

Pero incluso si pudieran, todas eran jóvenes, y Camila no estaba dispuestaa exponerlas así.

—Camila, ya basta, me parece que lo están haciendo a propósito —Una voz femenina, cargada de preocupación, se escuchó detrás de ella. Era Laia, quien la había acompañado al evento.

Laia era lista y tenía buena labia. Cada vez que Camila salía a negociar un proyecto, casi siempre la llevaba consigo.

Pero esta vez, a mitad del encuentro, Laia ya quería echarse para atrás.

Los hombres del otro lado propusieron que la cantidad de inversión dependiera de cuánto bebiera Camila, sin siquiera mirar la propuesta.

Camila empezaba a sospechar que tal vez Andrés había mandado a esos tipos solo para sabotearla.

—No te preocupes, estoy bien. Ya vomité, así que puedo seguir un rato más —dijo ella, enderezándose con la ayuda de Laia.

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