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De esposa engañada a millonaria casada con poder romance Capítulo 66

Capítulo 66

Al oír la voz de Gabriel junto a su oído, Camila soltó una respuesta.

Gabriel recordó cómo la mujer había estado hace un momento apoyada contra su pecho que su voz se volvió más profunda:

—¿No estabas dormida?

—Hace rato de verdad no podía ni abrir los ojos del sueño que tenía, pero sabía que llegó usted, Señor Gabriel.

Camila levantó la cabeza. Sus ojos seguían cerrados, pero esbozó una sonrisa.

—No sé por qué está aquí, Señor Gabriel, pero si usted está, creo que nadie podría hacerme daño.

—Solo quiero descansar un rato.

El alcohol no le permitía pensar más allá de lo inmediato. Decía lo que se le venía a la mente, aunque su intención quedaba más que clara.

Gabriel sintió un leve estremecimiento en el pecho.

"Ella sí confía en mí", pensó.

Y cuando recordó la palabra daño que había usado, sintió un toque de culpa.

—Llegué tarde.

—No es tarde. Llegó justo a tiempo.

Camila humedeció sus labios resecos. Su voz sonaba perdida.

—Ya terminé todo lo que tenía que hacer y ahora sí puedo descansar.

—¿Descansar conmigo?

—Sí.

Gabriel solo preguntó por inercia, no esperó que respondería.

De pronto le dieron ganas de reír.

Las dos veces que había visto a la mujer, había tenido un aire serio y formal. ¿Quién iba a pensar que la tercera vez terminaría en este estado tan poco decoroso?

Aun así, no resultaba desagradable. Con ese aire de borrachera no parecía muy lista, pero sí curiosamente adorable.

En ese momento, Gabriel recibió un video que Óscar le había enviado.

Él estaba ocupándose de los del salón, pero al revisar las cámaras había visto que el trato que dieron a Camila era aún peor de lo esperado, le insistían para que bebiera y la acosaban con palabras.

Gabriel miró de reojo a la mujer encogida en la esquina del asiento, deslizándose poco a pосо como si fuera a hacerse una bolita. No sabía si finalmente se había dormido. Solo entonces se colocó los auriculares para ver el video.

El contenido bastó para que su rostro se oscureciera bajo la tenue luz.

Se quitó los auriculares y respondió a Óscar:

Tal vez esa era la diferencia con cualquier otra persona.

Nadie que estuviera a su alrededor se mantenía sin esperar nada. Y nadie, absolutamente nadie, pasaría por la vida sin buscar algún beneficio.

Cualquiera que estuviera a su lado buscaría algo, nadie se quedaría sin desear nada.

***

Camila se quedó dormida durante el camino.

Gabriel la llevó a su mansión y pidió que prepararan un cuarto con anticipación.

Cuando llegaron, llamó a dos empleadas para que la ayudaran a lavarse y cambiarse de ropa.

Solo cuando Camila quedó profundamente dormida, Gabriel volvió a su estudio a esperar a Óscar.

—¿Todo listo?

—Puede estar tranquilo, señor. Todo quedó limpio —respondió Óscar en voz baja.

Gabriel asintió y, tras pensarlo unos segundos, preguntó:

—¿Cuánto dinero necesita Camila?

—Unos quince millones de dólares. Las tres propuestas que firmó hoy suman esa inversión.

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