Capítulo 68
Aun así, el desayuno tan abundante también tenía que ver con que Camila estaba allí. Como no sabía qué le gustaba, prefirió ordenar a preparar un poco de todo.
Gabriel no dijo nada. Solo tomó la taza y bebió un sorbo de café.
Camila tomó una cucharada del mousse de chocolate amargo y se la acercó a Gabriel.
—Este sabe muy bien.
El hombre se quedó quieto, como si fuera a fruncir el ceño.
Al notar ese gesto mínimo, Camila por fin cayó en cuenta.
—Perdón, estoy completamente ida. ¿Cómo se me ocurre ofrecerle mi cuchara usada?
Apenas quiso retirar la mano, la cuchara ya había sido tomada.
Un segundo después, Gabriel realmente probó el mousse.
El dulzor espeso le bajó por la garganta y Gabriel volvió en sí, tan sorprendido como si no entendiera lo que acababa de hacer.
—¡Señor! —dijo Óscar, sobresaltado al ver la escena.
Gabriel tenía manías de limpieza y acababa de usar la cuchara de Camila.
Pero incluso dejando eso de lado, solo el hecho de que comiera pastel ya era impensable.
Todo el mundo sabía que Gabriel detestaba lo dulce.
En cualquier cena de negocios donde él estuviera, jamás aparecía nada con sabor a azúcar.
Pero Gabriel tragó igual, con un leve movimiento en la garganta.
Luego le lanzó a Óscar una mirada, tan cargada de presión, para que el hombre cierre su boca.
—¿Al Señor Gabriel no le gusta el pastel? — preguntó Camila al notar la reacción de Óscar.
Solo con eso, Camila lo entendió. Se sintió incómoda.
Pensó que quizá lo había puesto en un aprieto con toda su buena intención.
Gabriel tomó una servilleta y se limpió la comisura de los labios antes de decir:
—Antes no me gustaba, pero hoy, no me pareció tan terrible.
"¿Antes no le gustaba, pero hoy le parece aceptable? ¿Tan bueno está ese pastel?", pensó.
Camila se pasó la lengua por el labio sin darse cuenta. Por un instante, ni supo qué responder.
Los dos quedaron sentados uno frente al otro. De pronto, la atmósfera volvió a tensarse.
Camila bajó la mirada. Solo cuando terminó su pastelito entero, volvió a hablar.
—¿La última vez? —Camila se quedó un segundo en blanco y recordó el baile de ese evento.
Ella no había ido, así que debía una explicación.
—Esa noche sí fui, pero por un pequeño accidente mi vestido se rompió, así que me fui.
Él respondió con un leve movimiento de cabeza, pero enseguida bajó la vista hacia su reloj de platino, distraído.
Camila estuvoa punto de mencionar que lo había visto bailar con otra mujer, pero al notar que él no decía nada, decidió tragarse ese comentario. Era un reencuentro de él y su amiga de la infancia.
Mencionarlo solo haría todo más incómodo.
—¿Algo más? —preguntó Gabriel tras un silencio largo.
Su presencia era tan fuerte que Camila sintió que la interrogaban.
—Ah—dijo ella, pensando un momento—. También quería agradecerle el regalo de la vez pasada.
Pero es demasiado costoso. Creo que lo correcto es devolvérselo en persona.
Esta vez, antes de que terminara de hablar, escuchó el suave choque de la vajilla.
Gabriel levantó la mirada y la clavó en ella.
—¿Devolverlo? ¿No te gustó?

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