Capítulo 85
Sumado a que la abuela Torres no dejaba de elogiarla, Nora terminó entregándole a Camila el regalo de presentación que había preparado para ella, era un juego de joyas de esmalte al fuego, sumamente caro y difícil de conseguir.
Era una pieza exclusiva que Nora había comprado en una casa de subastas del país vecino.
—Señora Vargas, esto es demasiado. No puedo...
—Señorita Camila, tienes que aceptarlo. No soy la verdadera madre de Gabriel, pero él siempre me ha tratado con mucho respeto y yo nunca he dejado de agradecerlo. Además, deseo de corazón que sean felices.
Nora le dio unas palmadas suaves en el brazo. Su voz era tan tierna que parecía acariciar, y mientras hablaba, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Cada vez que pensaba que Gabriel por fin iba a formar una familia, se alegraba de verdad.
Ese niño había tenido una mala relación con su padre durante años. Su madre murió cuando él aún era pequeño y, más allá del cariño que le dieron los abuelos por un tiempo, su padre siempre fue exigente con él.
Nora no llevaba mucho conviviendo con Gabriel, pero conocla su historia y lo compadecía sinceramente.
No alcanzó a contarle más a Camila porque un conocido la llamó desde un costado.
Ese día no solo había gente de la familia Torres y de la familia Díaz. También asistían varios magnates de las familias más poderosas. Antes de que la cena de compromiso empezara, aquello ya parecía una recepción comercial de alto nivel.
—Camila, hay demasiada gente de la familia Torres. Hasta los parientes más lejanos aparecen hoy. No tienes que conocerlos a todos ni saludar a todos. Hoy tú eres la protagonista, así que relájate. Mientras estés conmigo, nadie vendrá a molestarte.
La abuela Torres temía que Camila se cansara.
Solo la llevó a saludar a Nora y a algunos tíos y primos, y enseguida se la llevó de vuelta.
Cada vez que tocaba socializar, un simple saludo podía convertirse en una conversación eterna, y a la abuela eso le fastidiaba. Por nada del mundo quería que Camila pasara por lo mismo.
La familia Díaz, en cambio, había venido en menor número.
Solo Eduardo llegó con la familia de Leonardo, más algunos amigos muy cercanos. A eso se sumaba el pequeño grupo de cinco personas que trabajaban con Camila y habían venido como su círculo de apoyo.
Patricia dijo que estaba enferma y no asistió, y Andrés también puso como excusa que estaba ocupado con la empresa. Ambos enviaron regalos separados para Camila y para la familia Díaz, al menos para quedar bien.
La abuela Torres llevó a Camila a saludar un pocо у luego dijo:

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De esposa engañada a millonaria casada con poder