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De novia abandonada a amada del magnate romance Capítulo 353

Mientras Lucas sostenía mi teléfono junto a su oreja, su tono frío emanaba una autoridad distante y superior.

No sé qué dijo Antonio, pero Lucas respondió tajante: —Esos temas mejor discútalos con mi abogado.

—Y le pido que deje de acosar a mi novia. Nos movemos en los mismos círculos, si me respeta un poco, le dejaré una salida. Pero si insiste en llegar al extremo, con gusto lo complaceré.

Mi corazón dio un vuelco y levanté la mirada hacia Lucas, sorprendida.

Creo que era la primera vez que lo escuchaba amenazar a alguien tan abiertamente.

Sin duda, las acciones de Claudia esta noche lo habían enfurecido por completo.

Todavía estaba aturdida cuando me devolvió el teléfono.

—Siempre intentas mantenerte al margen y no dejarme intervenir en estos asuntos, pero ¿ves? No se puede evitar lo inevitable —dijo Lucas mirándome fijamente con voz serena.

Asentí y admití: —Sí, pensé que todo terminaría con el juicio. Jamás imaginé que Claudia llegaría a este extremo.

Mariana, notando la tensión entre nosotros, intervino para calmar los ánimos: —Ya, Lucas, al final no pasó nada grave, no te pongas así.

Miré a Mariana agradecida, aunque todavía con el susto en el cuerpo.

Menos mal que me anticipé y la detuve cuando quiso defenderme.

Si ese ácido le hubiera caído en la cara...

En ese momento, volví a considerar terminar con Lucas.

Me di cuenta nuevamente de que mis conflictos con los Martínez y los Navarro podrían no tener fin.

Mientras Lucas estuviera conmigo, tendría que lidiar con estos problemas, e incluso los demás Montero se verían afectados.

Cuando salíamos del hospital hacia la comisaría, Lucas recibió una llamada de Elena.

Aparentemente la noticia ya se había difundido.

También estaban Antonio, Marta y sus abogados.

Antonio no estaba en silla de ruedas hoy. Quizás su tratamiento estaba funcionando bien, porque se le veía mucho mejor que antes.

Intrigada, lo observé un momento más de lo necesario, cuando sentí un apretón en mi cintura.

Sobresaltada, me volví hacia Lucas.

Con expresión serena pero seria me preguntó: —¿Qué tanto miras?

Sabiendo que estaba celoso, le expliqué en voz baja: —Solo me sorprende ver que parece haberse recuperado.

El señor Montero respondió con tono aún más frío: —No es asunto tuyo si está bien o no.

Por supuesto que sabía que no era mi asunto, simple curiosidad.

Aunque bien dicen que hierba mala nunca muere.

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