Isabel se alteró tanto que empezó a toser violentamente antes de terminar de hablar.
Las máquinas empezaron a sonar y Antonio corrió a darle palmaditas en la espalda:—Isabel, estás muy débil, no hables más.
—¡No me toques! —Isabel apartó a Antonio de un manotazo y me miró con una sonrisa maliciosa —María, tú y tu madre pagaron por sus maldades, mira a tu madre... tan joven y... *cof* *cof*
Apenas pudo decir unas palabras cuando volvió a toser violentamente, parecía que se había ahogado y no podía recuperar el aliento.
Antonio, con el rostro sombrío, volvió a acercarse para ayudarla:—Isabel, te dije que no hablaras, tu salud es lo importante. Ya conseguiste lo que querías, ¿no es suficiente?
La última frase la dijo con evidente enojo, alzando la voz.
Isabel cambió de expresión y apartó su mirada de mí para ver a Antonio con incredulidad:—Antonio... ¿me... me estás gritando?
Antonio, conteniendo su temperamento, explicó:—No, solo me preocupo por ti.
—¿Te preocupas por mí? Lo que pasa es que... te duele por María, ¡no quieres que hable de sus penas! Sé que todavía la amas... ¡seguro estás deseando que me muera para volver con ella! —Isabel cambió el rumbo de sus ataques hacia Antonio.
Antonio se quedó inmóvil, la miró fijamente mientras retiraba lentamente la mano de su hombro y se enderezaba.
—Isabel, ¿cuándo vas a dejar de ser tan desconfiada? Solo me preocupo por ti, no quiero que te alteres y empeores, por eso te aconsejo.
—¿Desconfiada? ¿Te atreves a decir que ya no la amas, que no piensas en ella? ¡Desde que entró no has parado de mirarla, ¿crees que no me doy cuenta?! —Isabel volvió a gritar y milagrosamente hasta se le quitó la tos.
Me reí por dentro, no solo estaba enferma, también se había vuelto loca.
La verdad es que Antonio había sido más que generoso con ella.
Hasta pagó una fortuna para alquilar mi pulsera solo para hacerla feliz.


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