—No me lo preguntes a mí, pregúntale a ella. ¿Acaso no siente culpa por arruinarle la vida a los demás? —le respondió Alana, llena de indignación.
Lisandro se frotó la mejilla y soltó un resoplido:
—Fue Yarita quien le pidió al tío Julián que viniera a retirar los cargos en tu contra, ¿y así es como le pagas?
¿Arruinar a alguien y luego jugar a ser la salvadora?
Alana frunció el ceño, cruzando miradas frías con Yara.
—Pídele perdón a Yarita —gritó Lisandro—. ¡Ahora mismo!
Alana apretó los dientes:
—Nunca.
—¿Será que estoy viendo fantasmas en pleno día? —Axel se acercó y colocó a Alana detrás de él—. Un ladrón gritando "¡atrapen al ladrón!" en la puerta de la comisaría. Qué descaro.
Lisandro lo miró con furia:
—¿Con qué derecho te atreves a hablarme así?
Axel lo miró con una sonrisa burlona:
—Uy, qué miedo. Pero por suerte tengo mi vacuna contra la rabia, ¿crees que me vas a intimidar?
Lisandro se quedó mudo por un segundo:
—¿Qué dijiste?
Sin perder la sonrisa, Axel los observó a ambos y, dándose la vuelta, le dijo a Alana:
—Te dije que si no encajabas, no forzaras las cosas. Míralos, hacen una pareja perfecta. El destino sabe muy bien cómo reciclar la basura y juntarlos.
—Tú... —Yara se quedó sin palabras por la humillación.
—¿Tú qué? —continuó Axel sin darle tregua—. Con razón te pones tanto maquillaje, tienes la cara tan dura que necesitas taparla. Déjame adivinar, ya debes tener tus años, de lo contrario no tendrías tanta experiencia fingiendo ser la víctima. Te sale tan natural.
—Te voy a demandar por difamación —gritó Yara, perdiendo la compostura por completo, con el rostro desfigurado por la ira.
—Pues adelante, demanda —respondió Axel, sin darle importancia—. Aquí te espero.
Yara se quedó callada.
Lisandro abrazó a Yara:
—No te rebajes a su nivel. Cuando veas a un perro rabioso, lo mejor es alejarse.
Luego se giró hacia Alana y le dijo:
—Alana, de verdad estoy muy decepcionado de ti. Pensé que eras inocente, incluso le supliqué a Yarita que me ayudara a sacarte de aquí.

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