Ella también estaba a punto de irse cuando Julián apareció de pronto frente a su mesa.
—¿A la doctora Alana le importaría si me siento a platicar un momento? —preguntó Julián con una sonrisa.
Alana se sorprendió por unos segundos, pero no se negó y le indicó que tomara asiento.
El mesero se acercó para tomar su orden.
Julián, con mucha educación, le pidió un vaso con agua.
Desde antes, Alana siempre había sentido que este presidente transmitía un aura intelectual y serena, algo que contrastaba fuertemente con el imponente título de "presidente de la Corporación Águila".
Era un hombre de facciones limpias y amables.
La luz del sol se filtraba por los ventanales de la cafetería, iluminándolo desde atrás.
Esa cálida luz amarillenta hacía parecer que todo a su alrededor irradiaba un aura reconfortante.
Ahora, viéndolo tan de cerca, sentía aún más su encanto maduro y comprensivo; era muy fácil bajar la guardia ante semejante amabilidad.
Hizo un esfuerzo por recordar. En aquella ocasión, cuando ella recibió el gran premio al avance tecnológico, Julián le había insistido en que, al graduarse, eligiera TecnoNúcleo para explotar todo su talento.
En cuanto el mesero trajo el agua, Julián fue directo al grano.
—Si la doctora Aguirre tiene intenciones de regresar al mundo de la investigación, ¿por qué no considera a TecnoNúcleo?
Alana frunció un poco el ceño. Pensó que este hombre era bastante directo.
—No todo el mundo se muere por entrar a TecnoNúcleo —respondió ella.
—Es cierto —asintió Julián—. Pero imaginé que, para alguien del nivel de la doctora Alana, TecnoNúcleo podría ofrecerle recursos y apoyo mucho más grandes, algo que esté a la altura de su capacidad.
Alana se quedó pasmada, sintiéndose extrañamente sin palabras.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡De rodillas, ex esposo! Ahora soy tu tía