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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 190

Ella alzó la vista y se cruzó con la mirada de Saúl.

Saúl tenía una sonrisa apenas dibujada en los labios, luego se dio la vuelta y se marchó.

No fue a saludar a Romina, sino que caminó directo hacia el sitio de la competencia.

Gisela frunció el ceño poco a poco.

Volteó hacia donde estaban Nelson y Romina.

Nelson le daba la espalda, solo Romina se giró para mirarla.

Gisela se quedó mirando a Romina.

Romina, sin dejar de sonreír, tomó el vaso con agua que tenía al lado y, de forma intencionada, dejó ver el logotipo de Sierra Madre Holdings en la parte de abajo. Se lo mostró a Gisela con un gesto.

Gisela notó el detalle y su expresión cambió apenas un poco.

Respiró hondo, intentando ahogar la preocupación que le comenzaba a latir en el pecho.

Sinfonía del Mar siempre había sido justa y estricta; no iba a aceptar sobornos solo porque Saúl era uno de los patrocinadores del evento.

Pensando en esto, Gisela sintió que la tensión se le disipaba un poco.

...

Mientras tanto, del otro lado, Romina terminó de secarse las manos y salió del baño. De pronto, una sombra azul claro cruzó frente a ella.

Sus pupilas se encogieron y, por puro instinto, quiso regresar al baño.

Pero apenas lo intentó, alguien le sujetó la muñeca y la empujó contra la pared.

Al mismo tiempo, una mano cubrió su boca.

Romina sintió cómo el miedo le recorría todo el cuerpo, casi se puso a llorar; respiraba agitada, le temblaban las piernas y no se atrevía ni a abrir los ojos.

—¿Y ahora por qué lloras?

Una voz suave, casi como un suspiro, le murmuró al oído.

Romina abrió los ojos. Tenía la mirada empapada, llena de pánico, y las lágrimas le corrían sin freno por las mejillas.

Verla así le derretía el corazón al hombre frente a ella.

Saúl no pudo evitar suavizar aún más su voz; se inclinó hacia Romina y, con la mano que tenía sobre su boca, le limpió las lágrimas.

—Ya, ya, no llores, ¿sí? Me vas a romper el corazón.

Cuando Romina se dio cuenta de quién era, las lágrimas le salieron con más fuerza. Levantó la mano y, entre sollozos, empezó a golpearlo en el hombro y el pecho.

—¿¡Qué te pasa!? ¡Me asustaste!

Saúl soltó una risa ligera, aceptando los golpes de Romina.

—Tienes razón, fue mi culpa, lo que quieras hacerme está bien, ¿de acuerdo?

Romina se limpió las lágrimas, levantó la cabeza y le lanzó una mirada de reproche.

—Ya hasta me duele la mano de tanto golpearte.

Saúl la miró con una mezcla de ternura y picardía. Alargó la mano buscando la de Romina.

—¿Dónde te duele? Déjame ver.

Romina apartó su mano, mordiéndose los labios.

—No estés tocando por tocar.

Los ojos de Saúl se volvieron más oscuros de golpe. Soltó una risa corta, pero en su mirada apenas quedaba rastro de diversión.

Capítulo 190 1

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