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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 371

Al ver ese nombre tan familiar, los ojos de Gisela titilaron apenas un instante. El timbre insistente y las vibraciones del celular no paraban, apurándola una y otra vez para contestar la llamada.

Gisela solo miró la pantalla donde aparecía el nombre de Nelson. Ni siquiera movió un dedo.

Ni hacía falta preguntarse nada: seguro que Nelson había visto la publicación que ella subió a internet y ahora venía a reclamarle, a pedirle cuentas.

Según las palabras de Romina, su consentida, resulta que ya “sufría de depresión”, y hasta podía acabar “contagiando la depresión a la familia” por culpa de lo que Gisela publicó.

Gisela no contestó. Mejor lanzó el celular a un lado, y se puso a sacar la maleta para empacar sus cosas.

No tenía absolutamente nada que decirle a Nelson.

Ya había comprado su boleto de avión; además, Delia estaba ayudando a coordinar con la abuela en el hospital. Dentro de dos días, ella partiría rumbo a Ciudad de los Vientos.

Apenas hacía dos meses que se había mudado de la casa de los Tovar a un pequeño departamento rentado, así que no tenía mucho que llevar consigo. A pesar de que todavía tenía lastimado el tobillo y cargaba la pierna con yeso, en menos de media hora terminó de organizar todo lo esencial.

Una vez que terminó, apoyándose en la muleta, fue a lavarse las manos. Después regresó a sentarse en la cama.

Tomó el celular de nuevo y revisó la pantalla: puras notificaciones de llamadas perdidas. Más de veinte. La mitad de números desconocidos, y la otra mitad solo eran llamadas de Nelson.

Mientras empacaba, seguía escuchando el timbre, pero le pareció tan molesto que mejor puso el celular en silencio.

Gisela frunció el ceño.

No era la primera vez que Nelson le llamaba tantas veces. La última vez que lo había hecho fue en la vida pasada.

Sí, en la vida pasada, también por culpa de Romina, Nelson la había buscado con desesperación.

Recordar ese episodio le arrancó a Gisela una chispa de ironía en la mirada.

En aquel entonces, la relación entre ella, Nelson y la familia Tovar ya estaba tan deteriorada que parecía que nunca más se iban a hablar en la vida. Los Tovar la borraron por completo de todo, la vetaron de cualquier oportunidad laboral y, ni para lavar platos o cargar bandejas en algún restaurante, nadie quería contratarla. No tenía ingresos y solo sobrevivía con los ahorros que le quedaban.

Con el tiempo, Fabiana cumplió tres años, la edad para entrar al kínder.

Al principio, Gisela pensó de manera ingenua que Fabiana, al ser la nieta de los Tovar y la hija de Nelson, no sufriría ese rechazo. Que, por lo menos, no la dejarían sin escuela.

Pero tras ser rechazada en varias escuelas, se atrevió a preguntarle directamente a una de las maestras, y ahí se enteró: la familia Tovar había hablado con todos los kínderes de la ciudad para que no aceptaran a Fabiana.

Se sintió como si le hubieran lanzado un rayo.

La familia Tovar, Nelson, todos ellos, podían ser tan crueles que ni siquiera a Fabiana le tenían compasión. Ni el derecho de la niña a estudiar le dejaron.

Por Fabiana, Gisela preparó unos pasteles y fue a buscar a Nelson.

Capítulo 371 1

Capítulo 371 2

Capítulo 371 3

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