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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 401

Lautaro se acercó y se paró junto a Gisela, inclinando la cabeza. Sus ojos se clavaron, intensos, en los pasos que ella iba escribiendo con calma.

En ese momento, Gisela estaba resolviendo la penúltima pregunta grande del examen de matemáticas, una de esas preguntas clave, de esas que hacen sudar hasta a los maestros y dejan a la mayoría de los estudiantes en blanco.

¿De verdad Gisela la estaba resolviendo así de fácil?

Los pasos que escribía eran claros como el agua, cada línea fluía con una seguridad envidiable, como si hubiera resuelto el problema en su cabeza antes de tocar el papel. No dudaba, no se detenía, la mano le corría ligera.

Lautaro no podía creer lo que veía: la solución que Gisela iba plasmando era incluso más ordenada y lógica que el propio modelo de respuestas. Su expresión se fue endureciendo a medida que Gisela llegaba al final.

Y ahí estaba: la respuesta final, idéntica a la del modelo oficial.

Por un momento, Lautaro dudó. ¿Y si Gisela ya había visto las respuestas de este simulacro? ¿Y si por eso lo hacía todo tan rápido?

Pero no, eso era imposible. Los maestros se habían reunido especialmente para redactar este examen, cuidando que nadie pudiera filtrar las respuestas. Y, además, era solo una prueba interna del colegio Ciudad de los Vientos, con todo el material bajo llave. Jamás se había dado el caso de que un estudiante consiguiera las respuestas antes.

Además, aunque el resultado era el mismo, el método de Gisela era distinto, más directo, más elegante. Su lógica era superior, el razonamiento más pulcro y los pasos más sencillos, pero sin cometer ni un solo error. El resultado coincidía exactamente.

Lautaro estuvo a punto de preguntarle cómo había llegado a uno de esos pasos, pero se contuvo. Gisela levantó la cabeza en ese instante y le dirigió una mirada inocente, parpadeando con ojos limpios.

Él cerró la boca de golpe y fingió seriedad.

—Anda, apúrate a escribir. ¿O qué? ¿Tengo la respuesta en la cara, o qué?

Gisela solo lo miró unos segundos y luego bajó la cabeza para seguir escribiendo.

Así, Lautaro la observó mientras terminaba la última pregunta, tan tranquila y eficiente como antes. El procedimiento era otra vez más claro y conciso que el estándar, y el resultado, igualito.

Ya no sabía ni qué pensar.

Capítulo 401 1

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