Nelson estaba a punto de decir algo, pero Arturo le lanzó una mirada fulminante que lo hizo callar de inmediato.
—No te preocupes, mi nieto, aquí conmigo nadie se atreverá a hacerte daño —dijo Arturo, con un tono que dejaba claro que sus palabras tenían doble filo.
Romina al fin se relajó y, con aire de superioridad, observó con orgullo la conversación entre Thiago y Arturo.
Thiago asintió con una dulce sonrisa.
—Gracias, abuelo.
Aunque la espalda de Arturo ya se notaba encorvada por los años, seguía agachándose con paciencia para hablar con Thiago.
Gisela pensó que Thiago era más listo de lo que aparentaba.
En cuanto descubrió que su mentira había sido desenmascarada, cambió de estrategia. Dejó de insistir en que Romina lo había hecho caer, y mejor admitió que había sido un accidente suyo. Había aprendido perfectamente a usar la estrategia de actuar diferente en público y en privado, justo como Romina. Nada mal para un niño.
—¿Y aquí qué clase de gente hay? ¿Vivías en un lugar así antes? —Xavier se inclinó hacia ella y le susurró al oído.
La cercanía de Xavier era tal que sentía el calor de su aliento rozándole la mejilla.
Gisela se tensó un poco y se apartó solo lo necesario antes de responder:
—Por eso te digo, ¿qué necesidad tenías de venir?
Xavier le contestó con voz dura:
—¿Qué quieres decir? ¿Ya te molesté?
Gisela soltó un suspiro resignado.
—Nada que ver, ¿qué traes en la cabeza? Pareces piel delicada, todo te afecta.
—¿Piel delicada?
Gisela se quedó callada un momento.
—...Olvídalo.
La actitud despreocupada de Gisela solo hizo que Xavier se irritara más.
—Que te quede claro, vine a defenderte. ¿No te das cuenta? ¿Qué más quieres de mí?
—¿Y qué dije yo? —contestó Gisela, arqueando una ceja.
Xavier apretó con fuerza sus hombros.
—Gisela, mírame. Desde que llegué estoy de tu lado, ¿todavía tienes algo que reclamarme?
Gisela, en el fondo, sí se sintió conmovida. Asintió.
—Estoy más que satisfecha.
Por un segundo, Xavier se quedó con ganas de pellizcarle la mejilla a esa mujer.
—Más te vale que sea cierto.
Gisela se adelantó:
—De verdad, te lo juro.



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