Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 59

Gisela se encontraba de pie sobre el escenario, viendo todo con total claridad.

Una buena parte del público sostenía en alto carteles luminosos de color rosa, con el nombre de Romina resplandeciendo sobre ellos. Los agitaban con tanto entusiasmo que parecía que bañaban todo el auditorio en tonos rosados.

—¡Romina! ¡Romina!

El grito de los seguidores se imponía, con la fuerza de una ola imposible de detener. Muchos habían venido solo por Romina, aunque algunos también esperaban ver a Romina y a Nelson juntos en el escenario.

Sin embargo, en cuanto Gisela pisó el escenario, el bullicio cambió de inmediato. El nombre de Romina dejó de escucharse y fue reemplazado por murmullos llenos de veneno, apenas contenidos entre dientes.

—¿Por qué es ella? Qué mala suerte.

—¿No puede bajarse ya? No quiero ver a alguien así presentando el show de Romina, me arruina la vista.

—Esa mujer es una roba-maridos.

Algunos ni siquiera se molestaban en bajar la voz. Sus palabras caían como piedras, duras y directas.

Los otros presentadores, parados junto a Gisela, no pudieron ocultar su incomodidad. Le lanzaron miradas nerviosas, como si esperaran que ella se desmoronara ahí mismo.

Pero Gisela no les regaló ni una pizca de emoción. Inició la presentación con una serenidad envidiable, como si nada de aquello pudiera tocarla.

—Bienvenidos, gracias por acompañarnos en esta ocasión tan especial...

El evento avanzó. El número más esperado, el dueto de piano a cuatro manos de Romina y Nelson, había sido reservado para el cierre. Gisela ya sentía las piernas adormecidas de tanto estar de pie bajo el foco, pero finalmente pudo anunciar el acto estelar.

—A continuación, el número que todos esperan: una interpretación a cuatro manos del tema "Amor de Amor", a cargo del egresado Nelson y la talentosa Romina. ¡Recibámoslos con un fuerte aplauso!

No alcanzó a terminar la frase cuando la ovación del público la ahogó por completo.

—¡Romina! ¡Romina!

Entre los gritos también se coló alguna mención para Nelson, aunque el clamor era, sin duda, para ella.

Gisela descendió del escenario junto con los presentadores, cruzándose de frente con Nelson y Romina. Bajó la mirada, sin detenerse a verlos.

Al quedarse parada unos metros más allá, levantó la vista. Desde ese ángulo, alcanzó a ver a Nelson de pie entre bambalinas, mientras solo Romina subía al escenario.

Frunció el ceño, confundida.

—¿Por qué Nelson no subió?

—Después de tanto tiempo, la relación de Nelson y Romina sigue intacta. Al principio, ni yo pensaba que durarían.

Se rio de sí mismo, negando con la cabeza.

—Supongo que me faltó mundo, juzgué mal. De corazón les deseo que sean felices toda la vida. Y si algún día deciden casarse, ¿puedo atreverme a pedir una invitación para su boda?

Gisela se alejó unos pasos, sintiendo cómo el aire se volvía más denso a su alrededor.

Al mirar de nuevo hacia atrás, ya no alcanzó a oír a Nelson. Solo vio sus labios moviéndose, adivinando que había aceptado: que invitaría al profesor a la boda con Romina.

Un nudo le apretó la garganta. Bajó la cabeza y respiró con dificultad, intentando no dejarse vencer por las lágrimas.

Pensó que ya había dejado de dolerle. Pensó que ese capítulo estaba cerrado.

Pero la realidad la abofeteó de nuevo.

No podía soportar ver a Nelson y Romina tan felices, tan unidos. No podía aceptar que su historia de amor siguiera intacta. Ni pensar que algún día formarían una familia, que tendrían ese hijo por el que ella y su hija fueron apartadas en su otra vida.

Se sentía como una rata escondida en la oscuridad, deseando —con rabia y vergüenza— que algo quebrara esa perfección. Una sombra sucia, deseando que la felicidad ajena se resquebrajara aunque fuera solo un poco...

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza