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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 63

La mirada de Nelson, dura como el filo de un cuchillo, recorrió a Gisela. Sus ojos oscuros y alargados la escrutaban con una presión que casi podía sentirse en el aire.

De repente, Romina empezó a sollozar y negó con la cabeza, apoyando suavemente la mano sobre el brazo de Nelson, como si quisiera detenerlo.

—Nelson, no le eches la culpa a ella. Esta vez fue mi descuido, no pensé que algo así pudiera pasar. Yo me haré cargo de esto.

Romina, con los ojos enrojecidos, la miró fijamente.

En su mirada se mezclaba una determinación frágil, como esa protagonista de novela romántica que, a pesar de todo, sigue en pie y despierta simpatía.

—Señorita Gisela, no sé cuál es su propósito al hacer esto. Pero se lo advierto: esta vez no voy a quedarme de brazos cruzados. Voy a defender lo que me corresponde.

Gisela sintió de pronto una incomodidad creciendo en su pecho, una sensación extraña que no lograba entender.

Incluso después de que Romina se llevó a Nelson del lugar, esa sensación seguía allí, como un cosquilleo que no se iba.

Apretó los puños, obligándose a apartar ese malestar y se giró hacia el director.

—Si no hay más asuntos pendientes, me retiro.

El director la miró con cara seria.

—Gisela, esto lo provocaste tú. Si hay algún problema, arréglalo por tu cuenta. La escuela no va a intervenir.

Gisela se encogió de hombros y salió del despacho sin darle mayor importancia.

Caminó rápido por el pasillo, sin notar la mirada llena de preocupación de la maestra Arce.

...

Después del festejo del aniversario escolar llegó el ansiado fin de semana. Dos días sin clases. Gisela aprovechó para quedarse en su pequeño departamento y estudiar con tranquilidad.

Aitana, por su parte, se la pasaba viendo sus dramas familiares llenos de enredos y nunca se enteraba de lo que ocurría en la escuela.

Gisela tampoco tenía intenciones de platicarle lo que sucedió. Prefería disfrutar la paz.

Apenas se publicó este post, los fans de Romina se volvieron locos de emoción, celebrando que Romina había dado la vuelta a la tortilla.

Nadie lo veía venir: la misteriosa “Paloma” era Romina. Para sus seguidores, Romina les cerró la boca a los que inventaban rumores, dejándolos en ridículo con su propio talento.

Lejos de manchar su reputación, este escándalo solo hizo que Romina ganara más admiradores y que su nombre sonara aún más fuerte.

De verdad parecía la protagonista imparable de una novela, de esas que nunca se dejan vencer.

Gisela terminó de leer con el corazón a mil, los ojos fijos en la pantalla como si pudiera romperla con la mirada.

¿Cómo se atrevió Romina?

¿Cómo fue capaz de hacer algo así?

Ahora entendía la mirada rara que Romina le lanzó aquella noche. ¡Todo estaba planeado desde el principio!

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