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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 638

[Comunicado oficial:

La participante Romina queda suspendida temporalmente de la competencia debido a presuntas faltas de conducta. Se le retiran los resultados obtenidos y se le cancela la participación hasta que concluya la investigación. Si esta confirma las faltas, la descalificación será definitiva, se le expulsará del evento y se publicará un informe de advertencia en las cuentas oficiales del certamen.]

Romina sintió que el mundo se le venía encima, como si un rayo la hubiera partido por la mitad. Se quedó paralizada en el escenario, incapaz de reaccionar.

El juez principal intervino de inmediato:

—Debido a la cancelación temporal de los resultados de Romina, el resto de los participantes suben un puesto en la clasificación. A continuación, procedo a anunciar los lugares actualizados.

—Primer lugar, Gisela...

Aunque el resultado era provisional y aún debía enviarse a revisión superior, todos los participantes sabían que, por costumbre, ese trámite era puro formalismo. Lo que se anunciaba en el escenario, rara vez cambiaba.

El bullicio estalló entre el público y los concursantes. La noticia provocó una verdadera conmoción.

La concursante que antes ocupaba el undécimo lugar, ahora ascendida, gritó de alegría y brincó en su lugar, sin poder ocultar su emoción.

El resto intercambiaba miradas nerviosas. Nadie se atrevía a decir ni una palabra, mucho menos a mirar a Romina directo a la cara.

Esta vez, el evento estaba patrocinado por inversiones extranjeras. A nadie le importaba si Romina era esposa de alguien influyente. No recibía ningún trato especial. La humillación era pública, sin rodeos ni consideraciones.

Romina palideció de golpe. Sus pasos la llevaron al frente casi por inercia:

—¡Es un error, se los juro! ¡Todo esto es un malentendido! Yo jamás haría algo así, puedo demostrar mi inocencia.

Esteban descendió del escenario y se plantó delante de ella. Su expresión delataba una profunda decepción.

—Señorita Romina, las pruebas son claras. Ya no hay nada que discutir —negó con la cabeza, apretando los labios—. Me decepcionas, no solo por esta competencia, también por el asunto entre tú y Gisela. Ella me envió todas las pruebas a mi celular.

—Romina, eres muy lista, pero usaste tu inteligencia para lo equivocado. Olvídate del papel protagónico en la nueva película, ya no tienes nada que ver en el proyecto.

Romina abrió los ojos desmesuradamente:

—No, no es así, Esteban, por favor, déjame explicarte. Alguien me tendió una trampa...

No, debía tranquilizarse. Tenía que pensar con claridad. Aún quedaba una salida.

Es cierto, ella era la señora Tovar. No iba a dejarse derrotar por algo así.

Necesitaba buscar ayuda. Alguien tenía que sacarla de este lío.

Pero no podía recurrir a Nelson. No debía enterarse de nada. Tampoco podía buscar a Saúl Gallardo, que seguía fuera del país y no volvería a tiempo para resolverlo.

¿Quién más quedaba?

De pronto, una idea le cruzó la mente.

Ese hombre que, desde que volvió al país, no había dejado de escribirle mensajes.

Pedro.

Todavía guardaba todos sus textos en el celular, uno tras otro, confesándole su amor y su obsesión por ella. Parecía más un acosador que un admirador, pero en ese momento, cualquier ayuda le venía bien.

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