Ya no sentía absolutamente nada por Nelson.
No lo extrañaba, ni le gustaba.
Y mucho menos pensaba casarse con él.
Esos sueños absurdos de Xavier, en los que la veía involucrada con Nelson, para Gisela no eran más que un chiste sin sentido.
La voz de Gisela se mantuvo serena:
—Entre él y yo no hay nada desde hace mucho. Eso de si me gusta o no, ni al caso.
Xavier, terco, seguía mirando la parte de atrás de su cabeza.
—Entonces dime eso de frente, no me des la espalda.
Gisela suspiró con fastidio, echó un vistazo al conductor que seguía atento al volante, y se giró, respondiendo sin rodeos:
—¿Se te aflojó algún tornillo o qué? ¿Por qué preguntas puras tonterías?
Por el retrovisor, se notaba que el conductor iba tenso, mirando fijo al frente, como si temiera mover la mirada siquiera un milímetro.
Seguro lo había escuchado todo.
Cada vez que Gisela se molestaba, Xavier quedaba completamente desarmado. Se acercó a ella, casi pegándosele, con ese tono quejumbroso tan suyo.
—Ay, ni sabes. En mi sueño, la versión de ti era bien dura conmigo.
En el último sueño, él aparecía furioso, tratando de llevársela de la fiesta. Cruzaba entre la multitud de invitados, esquivando obstáculos, hasta que por fin llegaba con Gisela... solo para que ella y Nelson se unieran y lo atacaran juntos.
Eso bastó para despertarlo, irritado.
Xavier le agarró los brazos a Gisela como si buscara consuelo.
—Vine a que me consueles, no seas tan mala conmigo.
Ella lo miró de una forma entre divertida y resignada.
—Pues vete a dormir otro rato, a ver si en tu sueño puedes arreglarte con esa versión de mí.
—Ni creas —respondió Xavier, inflando las mejillas.
Gisela apartó sus manos, poniéndole un alto.
—Ya, compórtate.
...
Ese día, la empresa seguía tan ajetreada como siempre. A las seis en punto, Gisela salió del trabajo y se fue con Xavier directo al hospital donde estaba la abuelita de Delia.
En esos dos días, la abuelita había mejorado mucho; ya podía comer por sí sola.
Ella no mostraba ni un rastro de miedo tras haber estado tan grave. Más bien, se veía relajada, recargada en la cabecera de la cama.

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