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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 724

La conciencia de Saúl se apagó justo cuando el carro dio la segunda vuelta. Sintió su cabeza chocar con fuerza contra el vidrio, vio la sangre brotar ante sus ojos y perdió el conocimiento en ese mismo instante.

Cuando intentó moverse, notó el dolor punzante en distintas partes del cuerpo, pero la cabeza era lo que más le dolía.

Saúl se sentía confundido y débil, apenas logró susurrar:

—Todavía no puedo moverme.

El doctor asintió con gravedad y soltó un suspiro.

Los médicos de la ciudad solían reunirse a menudo para intercambiar conocimientos, y conocía algo del joven y brillante Saúl, famoso por su talento y habilidad en la profesión. Verlo tendido en la cama, tan vulnerable, le resultaba difícil de soportar.

El doctor le explicó con detalle el estado de su cuerpo, intentando tranquilizarlo un poco.

Por suerte, Saúl había salido menos lastimado que Gisela. Con unos diez o quince días de reposo, lo más probable era que pudiera irse a casa.

Saúl movió los ojos para indicar que entendía.

Apenas terminó el doctor de hablar, entraron los policías.

La memoria de Saúl sobre el accidente era breve y confusa. Todo había sucedido en menos de un minuto, desde el impacto hasta su desmayo. Sin embargo, las imágenes que tenía grabadas estaban llenas de fuerza.

Uno de los policías habló:

—El conductor del camión no resultó herido. Ya lo llevamos a la comisaría y aceptó que había manejado después de beber. ¿Hay algo más que quieras agregar?

Saúl frunció el ceño:

—¿Manejó borracho?

El policía asintió:

—Sí. Le hicimos pruebas y tenía suficiente alcohol en la sangre como para que se considerara un delito según la ley.

Al decir esto, el policía no pudo evitar mostrar cierto disgusto.

Un conductor borracho había causado un accidente tan grave: dos personas heridas de gravedad, una de ellas aún peleando por su vida, y el tipo, ileso. Era absurdo.

Pero Saúl sentía que algo no cuadraba. Hizo memoria de los segundos previos al choque.

Aquel camión llevaba un buen rato siguiéndolos. Solo cuando entraron en una calle solitaria, el camión se emparejó con el carro de Gisela y, de repente, los embistió con saña.

Ese ataque y la forma en que los fue siguiendo no se parecían en nada a los movimientos de alguien perdido por el alcohol.

Saúl sintió que algo no estaba bien. Movió los ojos, y en ese momento escuchó una voz familiar cerca de su oído.

—¿Tienes algo más que decir?

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