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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 728

Gisela abrió los ojos y miró a Xavier por un instante, pero de pronto una oleada de mareo la obligó a cerrarlos de nuevo.

Tardó bastante en recuperarse antes de atreverse a abrirlos otra vez.

Sintió de repente una calidez sobre su mano. Parpadeó con lentitud y dirigió su mirada hacia Xavier.

Él estaba medio arrodillado junto a la cama del hospital, con la mano apoyada sobre la de ella, mirándola fijamente con esos ojos intensos que siempre la desarmaban.

Gisela intentó esbozar una media sonrisa, pero su voz salió apenas como un susurro:

—¿Por qué tienes esa pinta?

El cabello de Xavier estaba hecho un desastre, caía en mechones descuidados sobre su frente. Tenía barba de varios días, ojeras marcadas y los bordes de los ojos enrojecidos. Sus labios estaban tan secos que se le notaban cortados. Era completamente distinto al Xavier que ella recordaba, siempre impecable.

Xavier apretó con fuerza la mano de ella y se acercó un poco más.

—¿Qué dijiste?

Resultó que ni siquiera había escuchado lo que ella le preguntó.

Gisela negó con la cabeza, exhausta.

No le quedaban fuerzas para repetirlo.

Xavier la miró con ternura y la voz rasposa.

—Si sientes algo raro, dile al doctor.

Gisela parpadeó lentamente. Estaba agotada, tan cansada que hasta abrir y cerrar los ojos le costaba trabajo.

El doctor se acercó y le explicó en detalle su estado. Luego se inclinó para hacerle unas preguntas al oído.

Aunque Gisela estaba casi sin energías, contestó con atención cada una.

Cuando terminó, el médico se mostró más relajado.

—Ya saliste del peligro. Hoy mismo te vamos a pasar a una habitación normal, pero te vamos a vigilar un par de días más.

Gisela asintió apenas con la cabeza, mientras Xavier se ponía de pie y, con una sinceridad inusual, decía:

—Muchas gracias, doctor.

El doctor, sonriendo, le dio unas palmadas en el hombro a Xavier.

—Ahora sí puedes estar tranquilo. Anda, vete a descansar, que ya llevas días sin dormir.

La enfermera, que estaba cerca, también intervino.

—De veras, estos tres días no te despegaste de aquí. Tienes que dormir, por muy fuerte que seas, el cuerpo no aguanta tanto. Imagínate, la paciente se recupera y tú terminas en la cama.

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