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Destinos Entrelazados: Mi Bebé es hijo del CEO romance Capítulo 189

Después de una luna de miel exitosa, regresaron a casa. Cuando llegaron a Nueva York, fueron a buscar a Ava a la casa de los abuelos.

—Mis queridos, ¿cómo fue la luna de miel? —Susan los saludó al verlos entrar en la sala.

—Maravillosa, suegra, nos divertimos mucho —dijo Rafaela, abrazando a la suegra.

—Sí, mamá, nos divertimos mucho y puedes estar segura de una cosa: si Rafaela no estuviera embarazada, habría quedado embarazada en esos días que pasamos juntos.

—¡Ethan! —reprendió la esposa. —No hagas caso a lo que dice, Susan, Ethan a veces pierde un poco el control.

—Sé cómo es —Susan rió. —En realidad, no me importan las tonterías que dice mi hijo; me gusta mucho verlo tan feliz así.

Susan abrazó al hijo durante largos segundos.

—Tenía tantas ganas de verte de este modo, hijo mío. Te mereces toda la felicidad.

—Puedes estar segura de que realmente soy el hombre más feliz del mundo.

—¿Dónde está Ava? —preguntó Rafaela.

—En la piscina con el abuelo —respondió Susan. —Adam le compró un flotador y los dos lo están probando. —¿Vamos hasta allá? —invitó.

Era evidente cómo la presencia de la nieta alegraba aquella casa. Desde que Ava empezó a visitar la mansión de los abuelos, Rafaela notó que el rostro de Susan ya no parecía tan triste como antes; además, hasta Adam parecía más dispuesto y alegre con la presencia de la nieta. Caminando hacia la parte trasera de la mansión, notó la cantidad de juguetes esparcidos por la casa.

—Ava anda haciendo travesuras por aquí, ¿no es cierto? —comentó Ethan.

—A ella le encanta, sobre todo ahora que aprendió a arrastrarse de un lado a otro. La dejamos libre para explorar la casa, claro, siempre con supervisión.

—Tengo miedo de que mi hija ya no quiera volver a casa, ya que aquí se siente más suelta —comentó él.

—No digas eso, Ethan, nuestra casa nueva tiene bastante espacio, apuesto a que se sentirá muy a gusto allí —intervino Rafaela. Tenía miedo de que la hija hiciera justamente eso.

—No te pongas celosa, mi amor, solo estoy bromeando contigo —abrazó a la esposa.

Al llegar cerca de la piscina, vieron al abuelo jugando con Ava, que estaba en un flotador con forma de rosquilla. La bebé reía a carcajadas, mientras el abuelo hacía muecas y jugaba a esconderse con las manos.

Cuando la bebé notó la presencia de los padres, empezó a agitar el brazo de manera eufórica.

—Hola, mi amor, mamá y papá ya llegaron. —Rafa se acercó al borde de la piscina.

Ava pataleó de manera frenética, como si quisiera nadar hasta el borde.

Al tomar a la hija en brazos, la llenó de besitos y abrazos.

—¿Cómo estás, papá? —preguntó Ethan al ver al padre salir de la piscina.

—Estoy bien. ¿Cómo fue el viaje?

—Maravilloso, si hubiera sabido que se estaban llevando tan bien aquí con Ava, me habría quedado más tiempo —comentó con tono de humor.

—No nos habría importado —respondió Adam, dándole un abrazo al hijo.

Después del abrazo, Ethan tomó a la hija en brazos y esta vez fue él quien la llenó de cariño.

—¿Cómo estás, Rafaela? —Adam se acercó a la nuera.

—Estoy bien, señor.

—Sin formalidades, ya te dije que puedes llamarme Adam o suegro —corrigió. —Eres de nuestra familia —la abrazó.

—Está bien, suegro —respondió aún tímida.

—¿Y cómo está nuestro segundo nieto? —Miró el vientre de la nuera.

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