Los veteranos de la empresa nunca habían visto con buenos ojos a Rómulo, pero contra todo pronóstico, en tan solo un año, este logró consolidar su posición. No solo realizó una limpieza en la junta directiva, reemplazándola por gente de su confianza, sino que también se deshizo de los miembros incompetentes de la familia Salazar. Posteriormente, llevó a la empresa a superar obstáculos uno tras otro, asegurando varios proyectos gubernamentales clave y absorbiendo varias empresas que alguna vez fueron rivales del Grupo Salazar.
Así, la familia Salazar se convirtió en la líder indiscutible de Solsepia, sin que nadie pudiera competir con ellos. Aunque la gente de afuera no lo entendiera del todo, Bernardo lo sabía muy bien, aquellos que alguna vez se enfrentaron a Rómulo fueron eliminados uno a uno de diversas maneras, algo de lo que aún se hablaba con admiración. Incluso su abuelo lo elogiaba por ser astuto, estratégico, inteligente y despiadado.
Eso era motivo suficiente para que Bernardo le temiera. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y sin poder evitarlo, tragó saliva. "Lo siento, tío, me equivoqué", dijo consciente de su situación. No era momento para desafíos, ni siquiera su propio padre podría enfrentarse a Rómulo ahora.
Con el puño apretado y un gesto de resignación, Bernardo bajó la cabeza y aceptó su error.
Viendo la rebeldía en sus ojos, a Rómulo no le importó si su disculpa era sincera o no. "Desde que llegaste a la empresa, no has cometido grandes errores, pero los pequeños problemas son constantes. Aún eres joven y con el entrenamiento adecuado podrías desempeñar bien tu rol actual. No me preocupan los errores menores, pero debes tener claro qué se debe hacer y qué no", le aconsejó y sin mirarlo más, se dirigió de vuelta a la habitación.
Bernardo percibió la advertencia en sus palabras. Con el rostro lleno de humillación, tuvo que tragarse su orgullo y responder: "Tienes razón, tío".


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