Entrar Via

El camino de venganza de la heredera rota romance Capítulo 147

La mente de Lauren todavía estaba absorta en todo cuando de repente se dio cuenta; Félix ya la había recostado en la cama. Los ojos de Lauren se abrieron como platos.

—Señor Félix… Esto no está bien, yo no… No estoy preparada…

Félix solo levantó la manta para cubrirla.

—¿Para qué necesitas estar preparada?

Las mejillas de Lauren se sonrojaron y giró la cabeza.

—Nada.

Félix soltó una risa suave.

—Todavía es temprano. Descansa primero. Iremos después de que hayas descansado.

Lauren no sabía qué había planeado Félix, pero por cómo había actuado en el salón de banquetes, estaba claro que no iba a dejarlo pasar. Ella lo miró, agradecida.

—Gracias, Señor Félix.

Félix le cubrió los ojos con su gran mano con suavidad.

—Duerme.

Su voz era firme y tranquila, y bajo su tacto, Lauren se relajó hasta quedarse dormida. Félix permaneció en silencio a su lado. Mientras observaba cómo su respiración se estabilizaba, la suave sonrisa de su rostro desapareció sin dejar rastro.

El tiempo pasaba, y las personas atrapadas en la sala de banquetes estuvieron sentadas con miedo e inquietud durante más de tres horas. El ambiente era sofocante, como la tranquilidad justo antes de la tormenta. Todos estaban atrapados en un remolino de pavor, preguntándose cómo pensaba Félix lidiar con ellos.

—¡Mi padre es el presidente de Corporación Bennett! ¡No pueden hacerme esto!

Su voz resonó por el pasillo, aguda y desesperada. Los guardaespaldas no se movieron, sus agarres eran como acero. Le retorcieron los brazos por detrás y la derribaron con fuerza, haciéndola arrodillarse a los pies de Lauren. Willow levantó la cabeza y se encontró con su mirada. Lauren la miró, calmada y distante, con una expresión indescifrable.

En ese momento, Willow se sintió pequeña. Como un insecto, algo sin valor aplastado bajo el talón de alguien. Escenas del pasado pasaron por su mente, todas las veces que había intimidado a Lauren, insultado, tratado como basura. Siempre había actuado con superioridad, como si Lauren no mereciera un respeto básico.

¿Pero ahora? Todo había cambiado. El poder, el control… Todo había cambiado. Ahora no estaban en igualdad de condiciones. Lauren estaba por encima de ella, y Willow era la que estaba de rodillas. Willow luchó contra la oleada de vergüenza que se apoderaba de ella e intentó hacer un acto frágil e indefenso. Las lágrimas se formaron casi al instante en sus ojos, vidriosos y con intensidad. Su voz tembló cuando miró a Lauren.

—Laurie, ¿por qué dejas que me hagan esto?

Las lágrimas resbalaron por su pálido rostro, una tras otra, como un collar de perlas roto. Parecía una delicada flor sacudida por una tormenta, a punto de deshacerse. Cualquiera que la mirara podría haberse compadecido de ella, pero Lauren se quedó allí de pie, tranquila e inmóvil, con los ojos helados, con un toque de burla.

Cuando Willow vio que Lauren no se conmovía en absoluto, la ira estalló en su interior. Dirigió su mirada llena de lágrimas hacia Félix, suplicando, esperando que parecer débil y desconsolada lo convenciera. No se dio cuenta que el corazón de Félix era frío como una piedra. Sus lágrimas, sus temblores, su suplica… Nada de eso le conmovió. Para él, no era más que una actuación ridícula, ni siquiera valía la pena considerarla.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El camino de venganza de la heredera rota